Un poco por contrera, y otro poco porque de verdad lo pienso así, quiero dedicar unos humildes parrafitos a defender el valor de la táctica en el fútbol. En las últimas semanas, especialmente a partir de las innovaciones del Cholo Simeone en la alineación de River, ingentes comentaristas en diarios y blogs han vuelto a hablar y debatir de la táctica, muchas veces sin que quede claro qué se está discutiendo. Por ahora, el debate lo viene perdiendo Simeone, en parte por los malos resultados y en parte porque desde el primer día le dieron con todo. Y lo viene ganando Riquelme, agrandado por su gran nivel y por los suspiros de los noteros tras oír su buena palabra: "En el fútbol ya está todo inventado", dijo Riquelme, haciendo suyo uno de los axiomas del nativismo futbolístico argentino. Espero no irme por las ramas, porque por ahora mi intención no es contestar la gran pregunta sobre qué es más importante, si el sistema o los hombres, sino anotar cuatro puntitos, que voy a numerar para que queden más claros:
1. Juan Pablo Varsky, uno de los que más en serio se toma los debates y en los que siempre participa con buena leche, escribió el lunes una columna en su blog de La Nación donde, con una postura algo intermedia, pero que repetía el cliché de decirles números telefónicos a las alineaciones, intentaba bajar los decibeles y llegar a una conclusión resumida en el título: "Sin nombres propios, no hay ninguna táctica que valga". La frase es un poco complicada porque tiene tres negaciones y al final uno no sabe bien qué es lo que quiere decir, pero uno supone que la lectura debería ser: "Por más buena que sea la táctica, si no tenés buenos jugadores no sirve para nada". Es una frase con la que casi todo el mundo parece estar de acuerdo.A mí me gustaría darla vuelta, y decir todo lo contrario: si uno tiene buenos jugadores, no necesita la táctica; pero si no los tiene, la táctica es lo único que le queda. Boca salió campeón de la Libertadores en 2007 con algo de táctica y mucho de Riquelme; Arsenal ganó la Sudamericana con mucha densidad táctica y más bien pocos brillos individuales.
2. Los tradicionalistas hablan de un fútbol natural, anterior a la táctica, que los entrenadores vienen a corromper con sus miserias y rigideces. En su esquema, los jugadores son buenos salvajes futbolísticos: corren libres por el potrero gambeteando rivales y arbustos hasta que viene el director técnico y los obliga a obedecer, sometiéndolos a su sistema. Es una versión romántica que no comparto. Cualquiera que haya jugado algunas veces al fútbol en una cancha de 11 conra 11 sabe que son mucho mejores los partidos donde los dos equipos están bien parados, con tensión táctica y sentido de colaboración, que los partidos tipo solteros-contra-casados que se rompen después de diez minutos y enseguida quedan los dos equipos partidos al medio, con cuatro defensores más un volante central sacrificado tirando pelotazos a los cinco morfones y pesqueros manoteando el aire desesperados desde la otra área. Es decir, el partido de fútbol ideal no es aquel en el cual el futbolista sigue sus instintos y se adhiere a su libertad sino, por el contrario, cuando los jugadores saben que cediendo parte de su libertad (pasando la pelota, haciendo un relevo) le están haciendo un favor a su equipo y que eso es más importante que la gambeta o el descanso circunstancial.
3. Esto se puede aplicar al fútbol profesional de la siguiente manera. Cuando los tradicionalistas elogian a un técnico porque les dice a sus jugadores "salgan y jueguen", sin hincharles las pelotas con conceptos abstractos, están evocando la imagen del futbolista buen salvaje corriendo libremente por la pradera. Lo que ocurre, en cambio, es que el jugador sale y elige un pedacito de pasto concreto donde pararse: no lo elige al azar, sino que en su cabeza están concentradas todas las órdenes que recibió y todos los partidos que jugó en su vida, y es ese bocho, experimentado en lo táctico y en lo técnico, el que le dice dónde pararse y dónde jugar. El que dice "salga y juegue" no da libertad total: está confiando en una tradición táctica y en lo que otros técnicos le enseñaron antes al jugador. Los libertarios son menos libres de lo que creen.
4. Otra cosa que me gustaría destacar a favor de la táctica es su carácter igualador en la lucha de clases del fútbol mundial. Desde que, a fines de los '60, los equipos más pequeños, con peores futbolistas, empezaron a afinar sus movimientos tácticos, el fútbol se ha emparejado notablemente, entre los clubes y entre las selecciones. Hasta entonces había habido sólo cinco equipos campeones en Argentina. Desde entonces ha habido diez más. La táctica es la conciencia de clase de los clubes chicos, su herramienta para multiplicarse y hacerse más eficaces frente a la arrogancia de origen (monetaria y genética) de los equipos grandes. La táctica desafía el statu quo; la apelación a la tradición, como casi siempre, es conservadora.
5. Todo esto lo digo medio en joda, pero sólo medio. Hoy vi jugar al Arsenal contra el Milan y al Barcelona contra el Celtic. Casi se me cayeron las lágrimas por ver lo bien, con cuánto entusiasmo y cuánta voracidad, jugaban dos de mis equipos favoritos, el Arsenal y el Barça. Ninguno de los dos juega con enganche, y sin embargo nadie podría decir que no juegan bien al fútbol. El Barça usa mi sistema táctico favorito si uno tiene los jugadores: el 4-3-3. El Arsenal es un menjunje de mediocampistas que se cambian de posición todo el tiempo y que casi siempre tocan de primera. Qué triste sería el fútbol si ya estuviera todo inventado.
Actualización 22/2/08: Pego, para quede un poco más ordenado, el punto 6 del post inmediatamente posterior (cronológicamente) o anterior (en la pantalla) a éste:
6. Ya escribí por qué me parecía que la táctica es importante para los
equipos chicos: porque les permite trazar líneas de sentido y
colaboración entre sus jugadores, para que parezcan más que 11, y
compensar las diferencias de calidad técnica con respecto a los equipos
con jugadores más talentosos. Pero también creo que el trabajo táctico
(la coordinación de una idea juego; automatismos para des-espontaneizar
el enfoque de los partidos) puede servirles a los equipos grandes. La
principal ayuda que la táctica tiene para los equipos grandes, para mí,
es permitirles establecer un piso de rendimiento. Es decir, subir el
nivel de la peor versión de cada equipo: que los días que "se levantan
mal", por usar una expresión de nuestro seleccionador, jueguen al menos
en un nivel de 5 ó 6 puntos sobre 10. Un equipo con cuatro o cinco
estrellas mundiales, pero sin trabajo táctico, juega cinco partidos
seguidos a 9 puntos, goleando a todos sus rivales, y después, un día
cualquiera, le sale todo mal, juega para 2 puntos, y pierde contra un
rival inesperado. En un campeonato largo, no hay tantos problemas. Pero
en los campeonatos cortos, especialmente en las fases de eliminación
directa, tener un piso de rendimiento bajo puede llevarte de vuelta a
casa. Si alguno todavía no se dio cuenta, creo que eso es lo que le
pasó a Argentina en la última Copa América: no tuvo manera de combatir
su "mal día".
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