Blog personal
de Hernán
Iglesias Illa

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28 de febrero de 2008

Dos nuevos blogs de periodistas argentinos. Ambos, empleados del grupo La Nación. Y ambos, en algún momento, me pagaron por escribir, lo que siempre es un pequeño milagro. Víctor Hugo Ghitta, director editorial del Grupo de Revistas de La Nación, que edita Rolling Stone y Brando, entre otras, ya tiene tres posts en Diario de un editor:

El hombre que tengo ante mí repite la frase, una risita contenida en la comisura de los labios, y me gana una emoción extraña. La palabra de su padre lo ha devuelto a la infancia: para el anciano que hace cuatro décadas le dio la vida sigue siendo el muchachito a quien debe guiar y proteger de las hostilidades del mundo. “Decidí entonces hacerle saber en qué estuve pensando en estos últimos años. Le envié dos listas con los libros y los discos que me conmovieron, que dejaron una huella en mí.” Lo cuenta con la misma ligereza con que su padre le hizo saber que añoraba estar más cerca de él: un padre preocupado por su hijo, que desea conocer algo de su destino y ponerlo a resguardo de cualquier daño. No sabe, no puede saberlo, que el suyo es un gesto amoroso de rara dimensión poética.

El otro es Leo Tarifeño, editor de ADNCultura, a quien conocí en su casa desborada de discos y libros hace un par de años en México, antes de que se mudara a Rio de Janeiro y antes de volver, hace unos meses, a Buenos Aires. El blog se llama Guyazi y su primera entrada, de hoy a la mañana, dice:

Amigos: mañana toca O Rappa en La Trastienda. Grupo de reggae-rock brasileño, ultramegarrecomendable. La primera entrada de este blog se le dedica a ellos, es decir, a la diversión, el placer, la buena música, la fiesta en compañía maravillosa. La banda tuvo una primera época de gloria gracias a la mancuerna creativa Marcelo Yuka-Falcão, hace un tiempo Yuka se alejó y la cosa perdió un poco de fuerza. Pero de todas maneras vale mucho la pena. Los que se animen, googleen a O Rappa en busca de más información y, si pueden, déjense caer por allá. La entrada cuesta 40 pesos. ¡Saludos y ahí nos vemos!

27 de febrero de 2008

Barrionuevo se copió

Jack Shafer, el columnista de medios de Slate, descubrió que la famosa nota del domingo en la tapa del New York Times, firmada por Alexei Barrionuevo, sobre cómo Buenos Aires está a punto de sucumbir ante las masas adictas al paco, está copiada, en parte, de una nota publicada hace un par de años en el Miami Herald. En su columna de hoy, Shafer, que es peleón y sensato y le encanta descuartizar las típicas notas de los diarios sobre "¡oh, las drogas"!, dice:

The New York Times' contribution arrived on Feb. 23 and was published on Page One of the paper. But not only does the Times piece fail to advance the paco story, it plagiarizes two lines from the Herald.

Here's the relevant section from the Herald story, published 18 months ago, with the portions purloined by the Times italicized:

Paco is highly addictive because its effect is so short—a couple of minutes—and so intense that many users resort to smoking 20 to 50 cigarettes a day to try to make its effects linger. ...

Paco is even more toxic than crack cocaine because it is made mostly of solvents and chemicals, with just a dab of cocaine, said Jim Hall, executive director of Up Front Drug Information Center, a Miami nonprofit that has been tracking cocaine abuse for more than two decades.

Now, from the Times story, similarly marked:

Paco is highly addictive because its high lasts just a few minutes—and is so intense that many users smoke 20 to 50 paco cigarettes a day to try to make its effects linger. Paco is even more toxic than crack cocaine because it is made mostly of solvents and chemicals like kerosene, with just a dab of cocaine, Argentine and Brazilian drug enforcement officials said.

Shafer además le mandó un mail a la managing editor del NYT, Jill Abramson, y le contó lo que había encontrado. Abramson, a casi todos los efectos la números dos del diario en cuestiones editoriales, no sólo le contestó sino que se hizo cargo:

Did Barrionuevo commit plagiarism?

"Yes," says Abramson. "I think when you take material almost word-for-word and don't credit it, it is." Like most employers, the Times doesn't discuss internal personnel issues. Citing this policy, Abramson declines  comment on whether a reprimand is planned.

El honor del paco, a medias, ha sido restablecido. Por lo demás, no tengo mucha opinión. Me había sorprendido el domingo cómo algunos comentaristas, machos anónimos de la blogósfera, se habían enojado mucho con la nota. Verla ahora destrozada les da un poco de razón.

Felix Salmon, que tiene un blog de finanzas muy bueno en la muy buena página de la revista Portfolio, escribió ayer un par de párrafos que podría haber incluido en Golden Boys. El tema del post era contestar a otros sobre cómo influye la riqueza pasada para evaluar la pobreza presente (Cuba) y cómo la pobreza histórica a veces impide ver la prosperidad reciente (el ejemplo acá es el norte de México, según la comparación de Tyler Cowen a la que responde Salmon):

I'd add that this effect has very real repercussions, well beyond touristic attitudes. My favorite example is Argentina during the 1990s, which went on a debt-fuelled spending spree. Every week one investment banker or other would fly down to Buenos Aires, put his team up at the Alvear Palace hotel, eat great food, drink great wine, enjoy a lively and vibrant culture, and pitch the finance ministry on a new bond issue. BA felt so prosperous and European (and, it must be said, white) that people ended up believing the evidence of their own eyes rather than the numbers in front of them.

In fact, large swathes of Argentina - and even of Buenos Aires, outside the parts visited by foreigners - were desperately poor all along. And eventually Argentina ended up defaulting on a hundred billion dollars or so of foreign debt. If Buenos Aires had looked more like Sao Paulo or Manila, I doubt that Wall Street would have been willing or able to finance the unsustainable boom for as long as it did.

Una de las preguntas del libro es por qué Wall Street le seguía prestando a Argentina a pesar de que los datos de la economía empezaban a titilar y a enviar señales de preocupación. En el libro hay varios intentos de respuesta, ninguno muy definitivo, pero no está éste, que se podría agregar sin ningún problema.

26 de febrero de 2008

Un par de comentarios a los comentarios sobre mi comentario sobre la táctica en el fútbol. Lucas, que es economista, divide a los entrenadores entre laissez-faire e intervencionistas. Escribió:

Creo que un rikjaard o un ferguson, por ejemplo, están del lado más liberal en este debate y un alfaro, un bilardo o un ¿rafa benítez? -e incluso un simeone- del lado más intervencionista.

Me gusta el eje intervención-no intervención. En parte porque, como pasa mucho en el fútbol, las ideologías están cruzadas: con mucha frecuencia, quienes creen que el gobierno debe meter mano en la economía desprecian la intervención de los técnicos; y quienes defienden la libertad de los mercados muchas veces son ambiciosos con la posibilidad de que los técnicos modelen (con éxito) los equipos a su antojo.

Yo no sé bien qué opino sobre este eje. Me divierte y me estimula, como al Criador, la innovación; el "todo está inventado" me deprime un poco. Pero, si ya la economía es una ciencia bastante incierta, lo del fútbol es aún más esotérico, con mayores espacios para la arbitrariedad y lo aleatorio.

Un ejemplo de estas semanas. El paganismo tradicionalista dice que los jugadores tienen un solo puesto natural en la cancha, y que cambiar a los jugadores de posición es negativo para los jugadores y para el equipo. Pagani le dijo en Estudio Fútbol una vez a Javier Zanetti, mientras hablaban de sus cambios de posición: "Zanetti, vos sos cuatro". Es una idea que complementa la preferencia por los técnicos que no tocan mucho las cosas. Y sin embargo, viéndolo jugar tan bien a Abelairas en el pivote central estas semanas, sólo porque se le ocurrió al Cholo Simeone, me reconcilio con la idea de que los técnicos pueden tener ideas muy buenas y no obvias.

Me parece, además, volviendo a lo que decía Lucas, que los técnicos ofensivos de equipos grandes (Ferguson, Rijkaard y, sobre todo, Wenger) dejan su huella en los equipos de una manera más sutil. Es fácil ver la mano de Alfaro en Arsenal; Wenger esconde mejor las costuras de su Arsenal. Pero es inequívocamente un equipo wengeriano.

JPV, gracias por venir, escribió después:

Cuando hablás del 4-3-3 (me encanta el esquema), decís lo siguiente: "Usa mi sistema táctico favorito si uno tiene los jugadores". De eso se trata la frase: "no se puede hablar de táctica sin nombres propios". No es lo mismo el 4-4-2 del Racing de Micó que el 4-4-2 del glorioso Arsenal de Arsenio [Wenger]. Usan el mismo esquema con diferentes intérpretes. El titulo de mi nota NO refleja lo que yo quiero decir. Mi frase de cabecera es "No se puede hablar de táctica sin nombres propios".

Lo del 4-3-3 lo digo casi metafísicamente, porque sé que, aun más difícil que encontrar los wines para jugar de delanteros por afuera, es encontrar a mediocampistas por los costados que se banquen jugar, pensar y marcar como juegan, piensan y marcan, por ejemplo, Deco e Iniesta. Si yo tuviera a Deco y a Iniesta, o a Lucho González y a Alexander Hleb, o, en una versión rioplatense y 2007, a Augusto Fernández y Belluschi, juego con 4-3-3. Passarella nunca vio el 4-3-3 ni de cerca.

Coincido con vos en que sin nombres es más difícil habñar de táctica. ¡Pero no me digas que es imposible! Yo creo que un poco sí se puede hablar de tácticas (o de sistemas tácticos) sin nombres. No mucho, es verdad. Pero algo (¡por favor, dejame!), sí.

22 de febrero de 2008

Cuando empecé a escribir el post anterior, tenía los tres puntos clarísimos en mi cabeza. Mientras escribía el primero, se me olvidó el tercero. Disimulé su ausencia sacándome otros dos de la galera, pero sabiendo que estaba vendiendo paleta sanguchera por jamón. Recién, de la nada, me volvió a la cabeza y, en un infrecuente acto de asertividad, no me dije "después lo posteo" sino que acá estoy, valiente y eficaz, posteando.

6. Ya escribí por qué me parecía que la táctica es importante para los equipos chicos: porque les permite trazar líneas de sentido y colaboración entre sus jugadores, para que parezcan más que 11, y compensar las diferencias de calidad técnica con respecto a los equipos con jugadores más talentosos. Pero también creo que el trabajo táctico (la coordinación de una idea juego; automatismos para des-espontaneizar el enfoque de los partidos) puede servirles a los equipos grandes. La principal ayuda que la táctica tiene para los equipos grandes, para mí, es permitirles establecer un piso de rendimiento. Es decir, subir el nivel de la peor versión de cada equipo: que los días que "se levantan mal", por usar una expresión de nuestro seleccionador, jueguen al menos en un nivel de 5 ó 6 puntos sobre 10. Un equipo con cuatro o cinco estrellas mundiales, pero sin trabajo táctico, juega cinco partidos seguidos a 9 puntos, goleando a todos sus rivales, y después, un día cualquiera, le sale todo mal, juega para 2 puntos, y pierde contra un rival inesperado. En un campeonato largo, no hay tantos problemas. Pero en los campeonatos cortos, especialmente en las fases de eliminación directa, tener un piso de rendimiento bajo puede llevarte de vuelta a casa. Si alguno todavía no se dio cuenta, creo que eso es lo que le pasó a Argentina en la última Copa América: no tuvo manera de combatir su "mal día".

(Y ahora, mientras escribía este puntito, se me ocurrió otro. Pero suficiente eficiencia por hoy. Me voy a ver el final de la primera temporada de The Wire.)

20 de febrero de 2008

A favor de la táctica

Un poco por contrera, y otro poco porque de verdad lo pienso así, quiero dedicar unos humildes parrafitos a defender el valor de la táctica en el fútbol. En las últimas semanas, especialmente a partir de las innovaciones del Cholo Simeone en la alineación de River, ingentes comentaristas en diarios y blogs han vuelto a hablar y debatir de la táctica, muchas veces sin que quede claro qué se está discutiendo. Por ahora, el debate lo viene perdiendo Simeone, en parte por los malos resultados y en parte porque desde el primer día le dieron con todo. Y lo viene ganando Riquelme, agrandado por su gran nivel y por los suspiros de los noteros tras oír su buena palabra: "En el fútbol ya está todo inventado", dijo Riquelme, haciendo suyo uno de los axiomas del nativismo futbolístico argentino. Espero no irme por las ramas, porque por ahora mi intención no es contestar la gran pregunta sobre qué es más importante, si el sistema o los hombres, sino anotar cuatro puntitos, que voy a numerar para que queden más claros:

1. Juan Pablo Varsky, uno de los que más en serio se toma los debates y en los que siempre participa con buena leche, escribió el lunes una columna en su blog de La Nación donde, con una postura algo intermedia, pero que repetía el cliché de decirles números telefónicos a las alineaciones, intentaba bajar los decibeles y llegar a una conclusión resumida en el título: "Sin nombres propios, no hay ninguna táctica que valga". La frase es un poco complicada porque tiene tres negaciones y al final uno no sabe bien qué es lo que quiere decir, pero uno supone que la lectura debería ser: "Por más buena que sea la táctica, si no tenés buenos jugadores no sirve para nada". Es una frase con la que casi todo el mundo parece estar de acuerdo.A mí me gustaría darla vuelta, y decir todo lo contrario: si uno tiene buenos jugadores, no necesita la táctica; pero si no los tiene, la táctica es lo único que le queda. Boca salió campeón de la Libertadores en 2007 con algo de táctica y mucho de Riquelme; Arsenal ganó la Sudamericana con mucha densidad táctica y más bien pocos brillos individuales.

2. Los tradicionalistas hablan de un fútbol natural, anterior a la táctica, que los entrenadores vienen a corromper con sus miserias y rigideces. En su esquema, los jugadores son buenos salvajes futbolísticos: corren libres por el potrero gambeteando rivales y arbustos hasta que viene el director técnico y los obliga a obedecer, sometiéndolos a su sistema. Es una versión romántica que no comparto. Cualquiera que haya jugado algunas veces al fútbol en una cancha de 11 conra 11 sabe que son mucho mejores los partidos donde los dos equipos están bien parados, con tensión táctica y sentido de colaboración, que los partidos tipo solteros-contra-casados que se rompen después de diez minutos y enseguida quedan los dos equipos partidos al medio, con cuatro defensores más un volante central sacrificado tirando pelotazos a los cinco morfones y pesqueros manoteando el aire desesperados desde la otra área. Es decir, el partido de fútbol ideal no es aquel en el cual el futbolista sigue sus instintos y se adhiere a su libertad sino, por el contrario, cuando los jugadores saben que cediendo parte de su libertad (pasando la pelota, haciendo un relevo) le están haciendo un favor a su equipo y que eso es más importante que la gambeta o el descanso circunstancial.

3. Esto se puede aplicar al fútbol profesional de la siguiente manera. Cuando los tradicionalistas elogian a un técnico porque les dice a sus jugadores "salgan y jueguen", sin hincharles las pelotas con conceptos abstractos, están evocando la imagen del futbolista buen salvaje corriendo libremente por la pradera. Lo que ocurre, en cambio, es que el jugador sale y elige un pedacito de pasto concreto donde pararse: no lo elige al azar, sino que en su cabeza están concentradas todas las órdenes que recibió y todos los partidos que jugó en su vida, y es ese bocho, experimentado en lo táctico y en lo técnico, el que le dice dónde pararse y dónde jugar. El que dice "salga y juegue" no da libertad total: está confiando en una tradición táctica y en lo que otros técnicos le enseñaron antes al jugador. Los libertarios son menos libres de lo que creen.

4. Otra cosa que me gustaría destacar a favor de la táctica es su carácter igualador en la lucha de clases del fútbol mundial. Desde que, a fines de los '60, los equipos más pequeños, con peores futbolistas, empezaron a afinar sus movimientos tácticos, el fútbol se ha emparejado notablemente, entre los clubes y entre las selecciones. Hasta entonces había habido sólo cinco equipos campeones en Argentina. Desde entonces ha habido diez más. La táctica es la conciencia de clase de los clubes chicos, su herramienta para multiplicarse y hacerse más eficaces frente a la arrogancia de origen (monetaria y genética) de los equipos grandes. La táctica desafía el statu quo; la apelación a la tradición, como casi siempre, es conservadora.

5. Todo esto lo digo medio en joda, pero sólo medio. Hoy vi jugar al Arsenal contra el Milan y al Barcelona contra el Celtic. Casi se me cayeron las lágrimas por ver lo bien, con cuánto entusiasmo y cuánta voracidad, jugaban dos de mis equipos favoritos, el Arsenal y el Barça. Ninguno de los dos juega con enganche, y sin embargo nadie podría decir que no juegan bien al fútbol. El Barça usa mi sistema táctico favorito si uno tiene los jugadores: el 4-3-3. El Arsenal es un menjunje de mediocampistas que se cambian de posición todo el tiempo y que casi siempre tocan de primera. Qué triste sería el fútbol si ya estuviera todo inventado.

Actualización 22/2/08: Pego, para quede un poco más ordenado, el punto 6 del post inmediatamente posterior (cronológicamente) o anterior (en la pantalla) a éste:

6. Ya escribí por qué me parecía que la táctica es importante para los equipos chicos: porque les permite trazar líneas de sentido y colaboración entre sus jugadores, para que parezcan más que 11, y compensar las diferencias de calidad técnica con respecto a los equipos con jugadores más talentosos. Pero también creo que el trabajo táctico (la coordinación de una idea juego; automatismos para des-espontaneizar el enfoque de los partidos) puede servirles a los equipos grandes. La principal ayuda que la táctica tiene para los equipos grandes, para mí, es permitirles establecer un piso de rendimiento. Es decir, subir el nivel de la peor versión de cada equipo: que los días que "se levantan mal", por usar una expresión de nuestro seleccionador, jueguen al menos en un nivel de 5 ó 6 puntos sobre 10. Un equipo con cuatro o cinco estrellas mundiales, pero sin trabajo táctico, juega cinco partidos seguidos a 9 puntos, goleando a todos sus rivales, y después, un día cualquiera, le sale todo mal, juega para 2 puntos, y pierde contra un rival inesperado. En un campeonato largo, no hay tantos problemas. Pero en los campeonatos cortos, especialmente en las fases de eliminación directa, tener un piso de rendimiento bajo puede llevarte de vuelta a casa. Si alguno todavía no se dio cuenta, creo que eso es lo que le pasó a Argentina en la última Copa América: no tuvo manera de combatir su "mal día".

18 de febrero de 2008

Había dejado de publicar acá las reseñas y notas sobre el libro, después de que el detector de autobombo hiciera sonar (tarde, ya lo sé) su sirena vergonzosa. Pero Clarín es Clarín. Salió una crítica el domingo (ayer) en el suplemento iEco y quedó entreverada entre dos páginas. La primera es ésta y la segunda es ésta.

15 de febrero de 2008

Para los (miles de) lectores que escribieron para preguntar dónde podían conseguir Golden Boys en Estados Unidos, noticias. No llegamos todavía a Amazon, pero sí a Barnes and Noble.  

13 de febrero de 2008

Me gustó casi todo de La vida secreta de los árboles, la segunda novela de Alejandro Zambra. (Al final fue la única que conseguí; la primera, Bonsai, me la había prometido un gordito de remera roja que salió trotando hacia un "depósito" y después volvió, a la mesa donde escribía esto, diciéndome que no podía encontrarlo.) Me gustó el susurro, la conversación en voz baja; como si el narrador me estuviera contando la novela, una madrugada con vino y cigarrillos, sentados sobre la alfombra del mismo living donde transcurre todo el libro. (De repente me pareció que todo lo que yo escribo está escrito a los gritos, y que necesito bajar el volumen.) Me gustó también la melancolía entrañable y un poco geek que tienen algunos poetas puestos a novelistas; hombres herbívoros, de almas casi puras, obsesionados como monjes por el detalle y la precisión. (Me gustaron menos los párrafos empezados con "Pero..." y los puntos seguidos seguidos por "Y...". Es un capricho mío, pero creo que todos esos párrafos quedarían mejor sin esos "pero" y esos "y", que en el fondo no son más que semáforos y señales de tránsito.)

Me acordé ahora de Zambra no por todo esto (bloguear es casi siempre una aporía eleática: uno nunca llega a destino, a contar lo que se propuso al principio, porque siempre se interpone una nueva digresión, como ésta) sino porque me emocioné con una canción con la que, si lo pienso, debería serme ajena. Escribe Zambra casi al final del libro, y yo lo leía en el subte esta mañana:

Mi madre, piensa Julián, cantaba canciones de izquierda como si fueran canciones de derecha. Mi madre cantaba canciones que no le correspondía cantar. Se echaba en el sillón, por la noche, para entretenerse, para soñar con un dolor verdadero. Mi madre era un dispositivo que convertía las canciones de izquierda en canciones de derecha.

Cuando leí este párrafo, primero me acordé de un amigo mío, muy conservador, sin ningún gen de izquierda, que hace 15 años cantaba a grito pelado La marcha de la bronca y En el país de la libertad los viernes a la noche cuando salíamos a dar vueltas en su auto. Hace un rato, escuchando por primera vez el disco de Elis Regina que me traje de México, solo en el escritorio de casa, a una hora a la que ya debería haberme ido a dormir, me sorprendí disfrutando y sintiéndome conmovido por Romaria, una canción que no había escuchado nunca. Primero pensé que era una canción religiosa, y me dije: "Debo evitar estos sentimientos, no puedo echar por la borda una vida de agnosticismo por una canción". Después averigüé y vi que la canción cuenta la historia de un campesino brasileño que se muda a Sao Paulo para ver si puede ser un poco menos pobre. Y que la pide a Nossa Senhora Aparecida, la patrona de Brasil, que le ayude. El otro día me tocó trabajar y una compañera, brasileña, me dijo: "Me encanta esa canción. Es como una plegaria". O sea que es un poco las dos cosas, lamento campesino y peregrino, dos emociones que me son completamente ajenas pero que, por alguna razón, por dos minutos, las sentí propias.

Abajo, un video de la canción, en la versión de Elis Regina. (Hito: es el primer video de YouTube que embebo en el blog; espero que funcione.)

8 de febrero de 2008

Rocast

Estoy desde hace un par de días en México. En parte por eso no estuve posteando mucho últimamente (Y en parte por la inevitable, deprimente y recurrente recaída de la anemia blogger: hay días donde hasta los picaportes te sugieren posts y días donde ni la mejor idea de tu vida, evaporándose hacia la ventana, abandonánte para nunca más volver, te convence para sentarte frente a la computadora.) Ahora, en este mismo momento, estoy sentado en la librería de la foto de arriba, una librería enorme del Fondo de Cultura Económica, con café y wifi, haciendo tiempo un viernes a la tarde, sacando fotos con la webcam. Los libros, insólitamente, están ordenados por editoriales. Están todos los cremitas de Anagrama juntos (me compré dos: las dos novelas del chileno Alejandro Zambra, recomendadas por SL) y también los multicolores de bolsillo. No es una forma muy eficaz, o, por lo menos, no la que me resulta más cómoda, de encontrar algo que uno busca o de vagar con la esperanza de cruzarse con un milagro.

Pensaba aprovechar el viaje a México para comprarme una buena pila de libros en castellano, caros o difíciles de conseguir en NYC. Pero me encontré con que acá también están bastante caros: cualquier novedad de grosor razonable cuesta 20 dólares. Igual me compré cuatro o cinco cositas (vamos a darle un par de oportunidades más a Kapuściński), pero menos de las que me habría gustado. Volveré mañana, a ver si el azar me trata mejor.