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de Hernán
Iglesias Illa

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29 de marzo de 2008

Fisking Roitberg

La Nación lleva ya un par de años siendo el diario argentino con la mejor y más innovadora página web. Está claro que son los que más plata le ponen y los que más parecen estar preguntándose qué demonios le espera en el futuro a los diarios de papel.

Sin embargo, el diario pierde buena parte de su optimismo, sus ganas de innovar y de ser el primero, cuando sus periodistas especializados escriben  en sus páginas sobre Internet.

Hoy la tapa de ADN Cultura, el suplemento cultural de La Nación, la ocupa una nota titulada "La revolución cibercultural" y está firmada por Gastón Roitberg, quien no sólo es redactor del diario sino también gerente de contenido de Lanacion.com. (Disclaimer: publiqué hace poco una nota en ADN y estamos conversando con sus editores para publicar más cosas. Además, en diciembre publicaron una reseña sumamente generosa sobre mi libro. Mi neurona prudente, por lo tanto, me está pidiendo a gritos que deje de escribir ya mismo. Intentaré ser lo más gentil posible.)

Si alguien se despertara hoy de un coma y lo primero que le dieran a leer con el desayuno fuera la nota de Roitberg, esa persona pensará que Internet es un fenómeno desgraciado, al que casi todo el mundo se opone y cuyos efectos negativos son mucho más poderosos que los positivos. Yo no estoy para nada de acuerdo con esa descripción.

Un primer problema de la nota, quizás anterior a Roitberg, es esta insistencia de la prensa argentina de escribir notas gordas y generales sobre temas gordos y generales, imposibles de bajar a tierra y hacerlas mínimamente cercanas para quienes las están leyendo. Casi invariablemente, estas notas se escoran hacia el ensayismo o la monografía y a las citas de sociólogos franceses. Como Roitberg escribe bastante bien, estos defectos tienden a ser menos graves que en otros artículos habituales. Pero termina al final escribiendo un ensayo con entrecomillados de sociólogos franceses.

Toda la nota en general me huele a otra época: la sentí mucho más "1999" que "2008". Ya la palabra cibercultura, título y centro de gravedad del texto, es un poco noventosa. Tengo la sensación de que es una palabra que ya ha tocado su techo de popularidad académica y está en declive desde hace por lo menos un par de años.

Después están las fuentes. Miren las fechas de los primeros artículos citados: 2001 (Alejandro Piscitelli), 1984 y 1981 (William Gibson), 1996 (Manuel Castells), 1996 (Jorge Rivera), (probablemente) 2000 (Armand Matellart), 1995 (Negroponte) y 1997 (Giovanni Sartori). ¿Había necesidad de ir tan lejos? Yo creo que no. Después la nota se pone un poco más actualizada (Chris Anderson, 2004; De Charras, 2007; Wolton, 2005), pero volviendo siempre a la base, generosa en citas citables, de los sociólogos franceses o europeos. Googleando a estos sociólogos me di cuenta de otra cosa: nacieron casi todos antes de 1950 y algunos, como Matellart o Sartori o Zygmunt Bauman, mucho antes, con lo que la Internet ya los agarró de grandes. ¿Hay que prohibirles entonces a la gente mayor opinar de Internet? Más bien que no. Pero parte del tufillo conservador de la nota quizás se deba a que hay muchas fuentes de sociólogos maduros y pocas de gente que analice la "cibercultura" desde adentro.

Pero basta de todo esto, que se está poniendo denso. Vamos al fisking, que es lo que tenía ganas de hacer desde el principio. Hay varias frases de la nota de Roitberg que atacan injustamente a Internet o me parece que están directamente mal argumentadas o muestran una nostalgia por el pasado pre-Internet para mí insólita en un pibe al que supongo de mi generación. Ahí vamos. Éste es el primer párrafo de la nota:

Hace quince años, los argentinos colmaban las bibliotecas públicas para conseguir información, estudiar o investigar, iban de los shoppings a los locales para comparar precios de diferentes productos, ponían anuncios en carteleras urbanas para publicitar la compra o venta de sus bienes o utilizaban masivamente los libros de quejas para calificar un servicio en forma negativa, entre otras prácticas. Hoy, esas mismas costumbres perduran, pero también -y cada vez más- tienen lugar en la pantalla de la computadora, sin la riqueza insustituible del contacto personal. La llamada "cibercultura" llegó para quedarse, y ha producido un cambio de paradigma del que no parece haber vuelta atrás.

¿Hace quince años los argentinos colmaban las bibliotecas públicas? Por supuesto que no. ¿Ponían anuncios en carteleras urbanas para publicitar la compra o venta de sus bienes? ¿Utilizaban masivamente los libros de quejas para calificar un servicio en forma negativa? Quizás, pero no masivamente. Hace 15 años las empresas de servicios públicos estaban recién privatizadas y, por más beneficios que tuviera la propiedad estatal de las empresas, estoy seguro de que los libros de quejas no eran uno de ellos. De todas maneras, la expresión clave del párrafo es "sin la riqueza insustituible del contacto personal". La palabra siguiente es cibercultura: ya, por el tono, sabemos que mucho no nos gusta. (Sobre "la riqueza insustituible del contacto personal": no echo de menos –y creo que en esto pertenezco a la mayoría– el contacto personal con los cajeros de los bancos ni, por ejemplo, con los entusiastas empleados de las agencias recaudadoras de impuestos. Y agradezco a Skype que me deje verle le cara y hablar con mi sobrino gratis todas las semanas. La webcam no tendrá la "riqueza insustituible del contacto personal", pero le gana por afano al teléfono y al email.). Otro párrafo:

Pero dado que la vida cibernética no es tanto una actividad individual como una experiencia compartida, también se tiene la posibilidad de construir comunidades de usuarios en torno a intereses comunes, con un único inconveniente todavía irresoluble: la ausencia del contacto cara a cara.

Otra vez el tema del "cara a cara". Dos comentarios: el primero es que no es un "inconveniente irresoluble". Muchísimas relaciones –de intereses comunes y también románticas– empiezan en Internet y siguen en la "vida real" y después vuelven a Internet, o a una mezcla de ambas: la frontera es mucho más permeable de lo que Roitberg da a entender. Yo, por ejemplo, tengo relación con un puñado de periodistas y escritores y jefes a los que nunca les vi la cara, o sólo nos vimos una vez. Durante dos años participé en el proyecto de Los Trabajos Prácticos sin conocerle la cara a ninguno de los otro cuatro miembros principales. Nunca pensé eso como un inconveniente, sino todo lo contrario: sin Internet, TP no habría existido. Otro:

[Laura Siri, escritora, docente y periodista especializada en tecnologías de la información] añade: "Buscar en Internet ya  es sinónimo de googlear . Si algo no aparece indexado en Google, es como si no existiera en la Red. [...] Sería deseable, por ejemplo, que si uno busca información sobre Mali, aparecieran en primer término fuentes propias de ese país africano, y no lo que dice el FactBook de la CIA sobre él. Cuesta creer que ese país no tenga nada que decir sobre sí mismo".

Laura Siri publicó hace un par de semanas en el diario Crítica un par de artículos (aquí la parte uno, aquí la parte dos) titulados, con mucha humildad, "Diez gansadas sobre internet (y de cómo las repetimos a coro)". No me gustaron mucho las notas: mezclaba peras con bananas (¿qué tiene que ver el voto electrónico con Internet?) e insistía con un argumento presuntamente de izquierda que consiste en criticar a Internet porque, lejos de democratizar la información, aumenta las diferencias entre quienes tienen acceso a ella y quienes no la tienen. Es un argumento que para mí es fácil de rebatir. Por un lado, sabemos que el acceso a Internet ayuda a todos quienes lo consiguen (lo dice ella misma): entonces lo que tenemos que hacer es dárselo a quienes no lo tienen. El problema no es de Internet. Es como si la vacuna contra el sarampión hubiera sido criticada por excluyente porque diez años después de inventada sólo se había vacunado a un cuarto de la población mundial. ¡La culpa, claramente, no es de la vacuna!

Sobre Google y Malí. Roitberg se podría haber tomado el trabajo de al menos chequear lo que le estaba diciendo Siri. Si uno busca "Mali" en Google.com, que otorga prioridad a las páginas en inglés, efectivamente el segundo resultado, por detrás de la entrada de Wikipedia, es la del Factbook de la CIA. Pero si uno hace la búsqueda en francés, que es el idioma oficial de Malí, el segundo resultado, también detrás de Wikipedia, es el del sitio oficial del gobierno de Malí. (Buscando en castellano, la web de la CIA no figura en la primera página de resultados). Si a Siri le "cuesta creer que ese país no tenga nada que decir" es porque tiene razón: Malí tiene mucho para decir. Pero sólo a aquel que sabe buscar. Seguimos:

La revolución multimedia tiene numerosas ramificaciones en la que Internet ocupa un lugar central, pero donde coexisten otras redes digitales. En términos de Giovanni Sartori, se trata de la convivencia y lento desplazamiento del homo sapiens , producto de la cultura escrita, al homo videns, que rinde culto a la imagen.

Homo Videns es un libro sobre la televisión, no sobre Internet. Su tesis principal era que, a medida que leíamos menos libros y mirábamos más televisión, nos estábamos embruteciendo y convirtiéndonos en una sociedad boba. Hoy podemos decir, con toda humildad, que Sartori la pifió. El mundo de hoy quizás no sea una euforia de cultura letrada, pero seguramente es mucho más letrada que la de hace diez años. Hay millones de personas (incluyendo profesionales y oficinistas) que podían pasar meses sin escribir una línea y que ahora escriben decenas de emails o posts o mensajes de texto por día. Hay mensajes mal escritos, faltas de ortografía y abreviaturas arbitrarias, es cierto, pero eso no debilita, creo, mi argumento: entre no escribir y escribir como se puede, siempre es más "cultura letrada" lo segundo. Aunque ahora está empezando a ser más visual, durante su primera década de vida Internet fue un medio eminentemente escrito. Y su popularidad ha tomado por sorpresa a los apocalípticos como Sartori. No soy el único que lo dice: lo que no encuentro ahora es el link buenísimo sobre el tema que tengo guardado en algún lado. Sigue la nota:

Pero el hecho de que Internet se pretenda masiva y la maquinaria publicitaria haga su trabajo de manera eficiente, no significa que lo sea. En todo caso, como señala De Charras, se trata de una masividad segmentada: "Uno de los mayores limitantes de la masificación de Internet es su naturaleza excluyente. Se requiere de un capital económico que garantice una infraestructura básica para poder acceder y un capital cultural que permita manejar una PC [u otro dispositivo] y ordenar, procesar y seleccionar la información disponible".

Está contestado más arriba. Hay que tener mucha mala leche para decir que Internet tiene una "naturaleza excluyente". Les pregunto a De Charras y a Roitberg: ¿dirían ustedes que la naturaleza de la energía eléctrica, la radio o la televisión es "excluyente"? Probablemente no: el 99% de los hogares de Argentina y casi todos los países de Occidente tienen las tres cosas, así que es imposible que su "naturaleza" ser excluyente. Pero en algún momento de l historia sólo las familias ricas tenían luz eléctrica o radio o televisión. ¿Eran en ese momento excluyentes? Tampoco. Por otra parte, ninguna de estas tres tecnologías, ni otras como el teléfono, puede presumir de una propagación tan rápida como Internet, que en poco más de una década ya ha llegado al 25% de la población mundial. Me gustaría compararla con el teléfono celular, porque deben estar parejos. Hace poco vi un grafiquito buenísimo (tampoco me acuerdo el link: ¡perdón!) sobre cuánto habían tardado distintas tecnologías en llegar al 10% de la población mundial. Internet era la más rápida, con mucha diferencia sobre las otras. Más:

Para Pablo Boczkowski, investigador de medios on-line en la Northwestern University, Internet presenta una doble personalidad de espacio que promueve la diversidad cultural, pero donde la mayoría de la audiencia está en unos pocos sitios. Estos grandes jugadores adquieren una posición dominante en el mercado de bienes digitales de tipo cultural -explica Boczkowski- y a pesar de la aparición de competidores de nicho por los bajos costos operativos que tiene un proyecto digital (en comparación con otros negocios), "estamos en presencia de un espacio donde unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco".

¿Quiénes son estos grandes jugadores? ¿Yahoo, Google? Supongo. Igual no entiendo la frase de Boczkowski (ver currículum). Dice esto ("unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco") justo después de cinco años en los que la explosión de los blogs y las comunidades online han hecho explotar en mil pedacitos la forma en la la gente navega por Internet. Quizás las cifras le dén la razón (quizás hay tres o cuatro sitios que acaparan el 80% o más de las visitas, aunque no lo creo), pero de todas maneras la tendencia (la película) es hacia la atomización, no a la concentración.

Por otra parte, "
unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco", ¿comparado con qué? ¿Con la televisión? Ahí había, hasta hace un par de décadas, tres o cuatro canales y el resto, literalmente, mirábamos. ¿Con los diarios? En la mayoría de las ciudades, la industria de los diarios era un casi monopolio. La porosidad de Internet, en cambio, para romper esas barreras no tiene precedentes: esta semana, los blogs argentinos sobre política y temas agropecuarios han tenido decenas de miles de visitas.

No puedo creer lo largo que se ha hecho esto. El fisking ha terminado. Roitberg cierra el artículo con una nota positiva, elogiando finalmente al "ciberusuario" por sus contribuciones a la conversación global.  Igualmente, el espíritu general de la nota es de desasosiego y pesimismo, en consonancia con sus fuentes: los intelectuales franceses tienden a ser desasosegados y pesimistas. Quizás quede más "inteligente" el pesimismo que el optimismo; a menudo ha sido así. Probablemente sea el famoso "espíritu crítico". Para mí es una pena, porque creo que el balance de Internet, una docena de años después de su nacimiento, es abrumadoramente positivo. Razones tengo miles, pero me parece que veinte párrafos por hoy son más que suficientes.

27 de marzo de 2008

Furio Tomasi

Después de un par de días de silencio, Rollo Tomasi se despertó épico y apasionado: fabuloso post que es una marea y un tornado. Un párrafo:

La ansiedad argentina. ¿De dónde viene? ¿Es que estamos lejos de donde creemos que pertenecemos y queremos llegar rápido? ¡Pero si Martín quiere que lleguemos Sin Atajos! ¡Néstor decía que estábamos "a las puertas de ser un país normal"! ¡Pero si toda esta mierda que inventamos -avivémonos, Martín- fue un atajo! No fue normal. No me refiero a las retenciones móviles. Me refiero a que normal quiere decir más o menos como los demás. Si somos de clase media a nivel mundial, ¿por qué quisimos salarios de Primer Mundo en los noventa? Nos comimos cuatro años de depresion. ¿Por qué quisimos salarios de Tercer Mundo en esta década? Nos metimos en esta inflación. ¿Para qué? Hoy somos igual de caros o de baratos que si hubiéramos tenido $2,50 y 5% de inflación. ¿Crecimos un punto más por año gracias al híperdolar? No lo sé, pero si fue así: ¡a eso le llamo yo un atajo!

Sus comentaristas se emocionaron, muchos, y se indignaron, unos pocos. Uno de estos últimos fue El Escriba, bloguero para-oficialista de verba punzante pero ideas, para mi gusto, demasiado espirituales. Yo prefiero los datos a la inspiración, qué le voy a hacer: la ciencia al romance. Soy un nerd. El Escriba posa de cínico pero es un romántico. ¿Quién es El Escriba? Nadie lo sabe. O por lo menos yo no lo sé y no conozco a nadie que lo sepa. Le dejé recién este comentario a su último post, donde acusa a Rollo de ser nada menos que "golpista":

escriba, ¿no ha llegado el momento de que digas tu nombre y a qué te dedicás? las discusiones entre anónimos tienden a las exageraciones y la agresión. en la plaza pública, en cambio, la gente se trata mejor y, por lo tanto, dialoga mejor. me parece que la discusión ganaría mucho si los demás supiéramos quién es el escriba.

saludos,
h.

pd. respeto su idea del "Estado democrático". Pero creo que este gobierno ha fusionado, hasta hacerlos casi indiferenciables, el Estado y la Casa Rosada. Es como si la presidenta esuviera pidiendo las retenciones ella misma. Un Estado debe ser un sistema más de reglas que de voluntades: semiflexible, para que el gobierno que llega pueda moverlo un poco; pero lo suficientemente firme como para que no pueda arrancarlo y salir dando palazos.

Actualizaré aquí mismo en caso de que haya una respuesta.

26 de marzo de 2008

Infobae

Ésta es la tapa de Infobae.com a las ocho y pico de la noche de Buenos Aires: el país visto por el INDEC. El conflicto agropecuario, mucho más abajo y con la cara seria de Lustó: "Habrá soluciones cuando vuelva la cordura". Así y todo, Daniel Hadad sigue incendiado cotidianamente por jóvenes bloggers y comentaristas nac-popistas.

Trabajo de campo

No tengo teorías, sólo unos pocos apuntes:

  1. Alpargatas en la Plaza. La marcha de anoche en Plaza de Mayo terminó siendo contraproducente para el campo. Porque opacó las manifestaciones en Rosario, Casilda y decenas de otras ciudades y pueblos, a las que finalmente se le dio poca bola. La composición de la marcha de Plaza de Mayo le permite ahora al gobierno y a sus escribas mantener prendido el mantra de que todo el campo es oligarca. Un foco mayor en Rosario, donde estaba representado un arco más amplio de la gente del agro, habría permitido esmerilar esa imagen.
  2. Los gringos. El campo, en la provincia de Buenos Aires, es familias tradicionales y polo. En Córdoba y Santa, es chacareros y fútbol. En Córdoba y Santa Fe, el campo es Gabriel Batistuta. Muchos de los gigantones bien alimentados que llenaron la selección de fútbol en las últimas décadas son gringos del campo: Heinze, Ruggeri, Abbondanzieri, Sensini, Valdano, Walter Samuel, Giusti, Demichelis. En Santa Fe, el campo tiene apellido italiano.
  3. Que lo vengan a ver. Hace 20 años aprendí a cantarle a Carlos Navarro Montoya: "Que lo vengan a ver, esto no es un arquero, es una puta de cabaret". Oír la misma canción anoche, frente a la Casa Rosada, con "gobierno" reemplazando a "arquero", me hizo mucha menos gracia. Decirle "puta" a una presidenta mujer me parece horrible.
  4. Tenenbaum. Me quedé despierto tardísimo, escuchando por primera vez en años las radios argentinas. Los llamados de los oyentes son un cáncer: ojalá llegue pronto la tendencia en sentido contrario; y que los programas los vuelvan a conducir sus conductores. La escuché tartamudear a Magdalena Ruiz Guiñazú, intentando enchufarles su propia opinión a los entrevistados: todos accedían. Y me pasé más tarde a Radio Mitre, donde me quedé colgado hasta las siete de la manaña de Ernesto Tenenbaum, quien hablaba con una honestidad intelectual y unas ganas de aprender que, me parece, no tiene casi nadie hoy. A su lado, Zlotogwiazda aplicaba la muy científica categoría de: "Sí, pero la están juntando con pala". Alguna vez lo critiqué a Tenenbaum porque, en su libro Enemigos, me pareció que intentaba dialogar con Claudio Loser, del FMI, y al final cerraba todo en sus mismos trece de siempre. Un año después, me doy cuenta de que Tenenbuam por lo menos lo intenta. Los demás, ni eso.

23 de marzo de 2008

El nuevo crack-up | Perfil

Me publicaron este fin de semana dos notas en Perfil sobre las recientes turbulencias financieras y económicas globales. La primera parte salió ayer y la segunda hoy. Guillermo Piro, editor de la sección, me pidió el viernes a la tarde un título para las notas. Le contesté, por mail, mirando los últimos capítulos de la última temporada de The Wire,  que no se me ocurría nada. No me respondió. Me encantó entonces ver ayer "El nuevo crack-up", no sólo porque me parece un muy buen título en sí mismo sino porque además me pone cerca de compañías admiradas desde hace mucho tiempo. La nota empieza así:

Sentado en el asiento de atrás de un Lincoln negro, bajo la lluvia en el tráfico exasperante de Manhattan, Diego, un conocido trader argentino de bonos latinoamericanos, resopla y mira su reloj. Tiene que estar dentro de media hora en el aeropuerto de La Guardia, donde lo espera un vuelo a Orlando y, si llega a tiempo, una Semana Santa que lo aleje un poco del caos de los últimos días. En Wall Street y alrededores, en los bancos de inversión y en los hedge funds, los grandes fondos privados que han dominado las finanzas del nuevo siglo, la sensación es de una gran incertidumbre. Les importa a los banqueros el futuro del sistema, pero mucho más les importa el futuro de sus propias carreras:

—Qué querés que te diga. La situación, en el mundo de las finanzas, en los bancos y en los fondos, está muy jodida. Porque la mayoría de estos tipos, sobre todo los que laburan en los bancos, cobran una buena parte de su sueldo, treinta, cuarenta por ciento, en stock options, acciones de sus bancos que sólo pueden vender y transformar en plata después de mucho tiempo, a veces años. Y esas acciones valen cada vez menos. Ponele que un tipo normal que tenía, qué sé yo, un palo verde en stock options y contaba con eso para su jubilación o para la universidad de sus hijos, perdió ahora 50% de eso, o más. Los que laburan en Bear Stearns peor, ¡perdieron el 99%! La acción del Citi está en 18, 19 dólares. Hace no mucho valía US$ 70. Merrill Lynch igual, la acción se hizo mierda. Te digo en serio, el humor en Wall Street, en el mundo de las finanzas, es muy malo, porque además ahora van a empezar los rajes. Todo el mundo lo sabe. Es más, ya empezaron. En Credit Suisse, en Morgan Stanley, en los bancos europeos. Estos ya empezaron a echar gente. Y en muchos lugares el bonus del año pasado fue cero. ¡Cero dólares! Un desastre.

Diego, que ha pasado por varios bancos y desde el año pasado, después de ganar millones con la deuda de Ecuador, trabaja en un hedge fund, deja de hablar y de golpe se da cuenta de que el Lincoln está parado en un lugar que no parece el camino hacia el túnel entre Manhattan y Queens.

—¿Qué hacemos acá? ¿Estamos bien? —le pregunta en castellano al chofer.

—Nos desvió la policía, por allá no se podía ir —responde el chofer, con acento caribeño.

—Pero la puta madre. No vamos a llegar.

El resto se puede leer acá. La segunda parte, publicada hoy, todavía no la encontré. Si alguien tiene el link, por favor que me lo pase y lo pego.

16 de marzo de 2008

Me ha parecido muy extraño el cacareo de estos días alrededor de los actos de Luis Palau ayer y hoy en el Obelisco. Especialmente los lamentos desde el elenco progresista: hubo gran revuelo por el caos de tránsito que el acto iba a provocar. En los últimos años, el "caos de tránsito" había sido, según la izquierda y el nac-popismo, una causa burguesa, gorila, para blandir contra piqueteros y movimientos sociales. Hoy, como si no nos importara, acusamos a Macri de crear problemas de tránsito.

Lo que más me sorprendió, sin embargo, es el desprecio hacia el acto y hacia la gente que iba a concurrir. Hace un rato, Artemio López, de incuestionables credenciales nac-popistas, escribió esto en su blog:

Ayer viendo la fantochada que el gran Maurice por algo le armó a Palau (y el espacio público que no se negocia?), sentí una fuerte repulsión por el envase musical típico de cadena yanqui latina, en que viene envuelto el mensaje de este argento trucho, que hace décadas encontró la forma de vivir sin laburar.

Repulsión, dice. Y entonces cita líneas de Wish you were here, una canción de Pink Floyd que, estoy seguro, expresa mucho mejor los sentimientos del pueblo. ¿Es posible sentir repulsión estética por lo que pasa en el escenario sin que haya repulsión estética por los que están abajo, aplaudiendo y sacándose fotos? Jeje, pregunta jodida que Artemio seguramente responderá de la manera que mejor le convenga. Pero yo creo que el kirchnerismo, el peronismo y el progresismo, todos juntos y a coro, deberían darse cuenta de que esos "grasas", cientos de miles de "grasas", por citar la categoría tácita en el post de Artemio, son los mismos a los que, cuando Palau no está de visita, ellos defienden de los ataques de los neoliberales.

Lo que quiero decir es: el pueblo de Palau es peronista y votó a Cristina en las elecciones de octubre. Que me ayude El Criador a hacer las cuentas, pero si, como dicen ellos, los evangélicos de Argentina son más del 20% de los votantes y casi todos sus miembros pertenecen a las capas más pobres, me parece que no hace falta mucha matemática para decir que la presidenta Kirchner --que nunca en su campaña ofendió al voto cristiano: ni aborto ni matrimonio gay ni ningún secularismo de ningún tipo-- obtuvo un buen pedazo del voto evángelico en las elecciones de octubre: más del 50%, según el cálculo hecho a ojo de encuestador con las neuronas no ocupadas en escribir este párrafo.

Pero a Artemio, justo a Artemio, el menos cool y más conurbano de los blogueros nac-popistas capitalinos, los evangélicos le parecen poco sofisticados. ¿No es una contradicción, y lo pregunto con la mejor intención, hablar en nombre de los pobres y burlarse de Palau, Tinelli, la cumbia y demás aficiones poco clasemedieras? No lo estoy acusando a Artemio de hacer exactamente eso, pero siempre me ha parecido un poco extraño: "Compañero indigente, eres el corazón moral de la patria, ¡pero por favor dejá de ver a Susana Giménez!"

Un último recado para Artemio. Yo sé que es hincha de Boca y que la pasión lo futbolera puede haberlo cegado cuando se burló de Radamel Falcao García --"muy triste", "las gashinas son así"-- por hablar de su experiencia religiosa en el acto de Palau. Yo soy hincha de River, lo admito, pero también soy agnóstico y me producen bastante pánico la irracionalidad y las leyendas de los pastores evangelistas. Pero es bastante mala onda burlarse de alguien que habla de algo tan íntimo como su religión y sin hacerle daño a nadie. Y muestra, además, el tremendo cambalache que tiene el progresismo con la religión. Como dijo mi amigo Iván Petrella hace unos pocos días (casi al final de la nota) en el cada vez más consistente Crítica de la Argentina:

El conservadurismo de la Iglesia Católica latinoamericana es relativo –opina Petrella–. Hay que separar el Vaticano de lo que pasa en las bases. Si vas a las villas del conurbano, casi siempre vas a ver una capilla católica que funciona como centro de asistencia social. Por este motivo, ha sido un error del progresismo dejar el campo de la religión exclusivamente en manos de los grupos conservadores. El discurso secular aleja a los progresistas de la mayor parte del pueblo”.

El pueblo, unido, escuchando a Roger Waters, jamás será vencido.

4 de marzo de 2008

Hoy comí con Joaquín, un amigo colombiano. "Colombia está sola", me dijo, triste, comiendo pollo con albahaca y maníes en un restaurante tailandés de Williamsburg. Escuchando y leyendo a los comentaristas argentinos y latinoamericanos esta mañana, me di cuenta de que ninguno hablaba sobre qué sienten los colombianos con todo esto. No lo hicieron durante el paripé de los rehenes, a principio de año, y apenas lo notaron cuando un millón de personas salieron a la calle, después, para emitir su opinión. (José Natanson, en una columna bastante sensata, sí hace una mención hoy al asunto.)

No sé. Ya borré tres veces este párrafo, que había empezando elogiando la columna de hoy de Verbitsky, donde les dice a las FARC que se dejen de joder, que entreguen las armas y los rehenes y se sometan a la democracia. (También dice Vertibsky que el golpe contra las FARC es una amenaza contra el "blandito" Obama. Ésta me la creo bastante menos.) Debería ser la opinión de cualquier progresista: las diferencias políticas se dirimen en el ring de la política y la democracia; si sacás pocos votos, te jodés. El resto de lo que quería escribir ya lo escribió acá el porteño-irlandés Eamonn McDonagh.

(Me voy unos días. Primera vez en cuatro años que con I. nos vamos de vacaciones a no-Moscú-ni-Buenos Aires. Es uno de los problemas de vivir afuera: pasás casi todas tus vacaciones en una casa y una ciudad que ya conocés de memoria. Serán sólo cinco días. El domingo estamos de vuelta.)

Update nocturno: No había leído Crítica, porque habían tenido roto todo el día el link con el pdf de la edición impresa. Su cobertura del tema Colombia-Ecuador me pareció fenomenal. Y mucha mención, como pedía yo, llorando en el primer párrafo, a "los colombianos": en la columna de Margarita García, en la nota de Sinar Alvarado y, la más punzante políticamente, la de María Jimena Duzán. (No pongo links porque no los hay. No sé cuán bien funcionará el sistema de Crítica de poner todo el diario en pdf, que se lee bien y ofrece una experiencia razonablemente placentera, y bastante poco en html. El problema principal de esto  para nosotros, los blogueros, es la imposibilidad de linkear. Al diario le impide participar más de la "conversación" en Internet, por ejemplo ganando clicks desde sitios que enlazan a sus artículos. Para los que se la perdieron, pego abajo la columna de María Jimena Duzán.)

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Update de casi madrugada: Ahora Crítica dice que cada día subirán el diario en pdf a las dos de la tarde, y que mientras tanto se pueden leer en "Edición Impresa" "todas" las notas del diario de ese día. Las notas de hoy estaban, pero algunas columnas, como ésta de acá arriba, no.

3 de marzo de 2008

En el video, el que habla es un guía de montaña argentino llamado Gustavo Lisi. Está en la cima del Everest, un mediodía de hace casi cuatro años. Al final del video, saluda a otro que viene llegando: "¡Ahí viene mi amigo Nils!", dice muy contento.

A Nils Antezana, un médico gringo-boliviano que había contratado a Lisi para que lo lleve al techo del Everest, le quedan pocos minutos de vida. Se va a morir bajando, quinientos metros más abajo de la cumbre. Y según esta crítica aparecida ayer en el New York Times sobre este libro acerca de la comercialización de los viajes al Everest, Lisi lo dejó ahí a su cliente, exhausto y al borde de la muerte, y después bajó rápido al refugio para postear en su página web: "¡¡¡Cumbre!!! ¡¡¡Gustavo Lisi ha conquistado el Everest!!!". El artículo dice que Lisi (ésta es su página web personal) es un conocido "scoundrel" del mundo del alpinismo. La mejor traducción de scoundrel al castellano no es "sinvergüenza" o "canalla", las que figuran en el diccionario, sino una que los argentinos conocemos bien: chanta. Tres años antes, Lisi había se había quedado cerca de la cumbre, sin poder alcanzarla, pero después le robó un rollo de fotos a su cliente, un español, para volver a Argentina y decir que el que figuraba en las fotos era él.

El honor patriótico, insólitamente, quedó compensado enseguida con el auxilio de dos hermanos gemelos nacidos y criados en Puerto Madryn, Willie y Damián Benegas, que hicieron lo posible por rescatar a Antezana y son dos tipos aparentemente muy queridos en el ambiente. Lisi dio sus expliaciones en Clarín, en una nota de mayo de 2004.

Una gran historia. Duelo de argentinos, uno malvado y otro bondadoso, en el techo del mundo. Señores editores de revistas: sólo necesito un guiño para ponerme a investigarla.