Gualdoni es argentino | El País
Una de las notas del día es "Argentina, más aislada que nunca", demoledor comentario de Fernando Gualdoni en El País, de Madrid, sobre la situación y el movimiento del matrimonio Kirchner. Lo pegaron y lo comentaron casi todos los diarios y portales porteños, rebotó hacia blogs (uno, dos) y se derramó en cientos de comentarios en cada uno de esos lugares.
Ninguno de ellos, dice, sin embargo –probablemente porque no lo saben–, que Gualdoni es argentino. Trabajé con él en El País en 1999-2000; él había hecho el Máster de El País en 1997, un año antes que yo, y en esa época trabajaba en Economía. Me acuerdo de que uno de sus primeros éxitos en el diario fue su cobertura de la accidentada y sorprendente cumbre de la OMC en Seattle, en 1999, a donde llegó como un reportero de comercio internacional y volvió como el cronista estrella del movimiento antiglobalización. Gualdoni es pampeano, creo que de Santa Rosa, y ya debe llevar más de 15 años viviendo fuera del país. Un tipo muy simpático, que hacía muy pocos esfuerzos por esconder su argentinidad. Los otros dos o tres argentinos que estábamos en El País en ese momento disimulábamos un poco nuestro acento, tratábamos de hablar en voz bajita, sobre todo con las fuentes a las que llamábamos para hacer nuestro trabajo. No queríamos, o por lo menos yo no quería, que mis conversaciones con secretarios de Estado o directores de Greenpeace, con quienes hablaba bastante en esos meses, girara en torno a mi argentinidad. A Gualdoni no le importaba nada: lo escuchabas desde el otro lado de la redacción diciéndole "¿Qué hacés, loco, cómo estás?" a los portavoces o a los empresarios con los que hablaba entonces. La última vez que lo vi, hace un par de años, seguía igual. Un gran personaje de la redacción.
La nota empieza así:
Argentina está sola. Su relación con Venezuela la ha alejado de Estados Unidos, un conveniente socio y aliado. A Bolivia le ha dado la espalda cuando más la necesitaba y su amistad íntima con Uruguay pasa por su peor momento. Poco a poco, Brasil le ha arrebatado todo su poder de influencia regional y con España, la madre patria, apenas si se escribe. El peor efecto a largo plazo de la crisis de 2001 para Argentina ha sido su desaparición del mundo. El país suramericano ha descuidado dos ejes clave de su política exterior: el fortalecimiento del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea, ha perdido peso en los foros internacionales y ningún líder mundial se muere por visitarlo. En marzo, la secretaria de Estado de EE UU, Condoleezza Rice, ignoró sin rodeos a Argentina en una visita que hizo a Brasil y Chile.
Gualdoni brilla cuando habla de las (mínimas) políticas comerciales de Argentina, a las que conoce bien, y cuando se refiere a Bolivia, donde ha pasado mucho tiempo en los últimos años. A mí lo que más me interesa es el género de la nota, que es casi un manifiesto y que era tan difícil de encontrar en El País hasta hace unos años. La semana pasada estuve unos días en Madrid y me sorprendió comprobar en papel los cambios que yo ya venía notando en la web. El País, en mi época, era un diario perfecto pero con pocas texturas, algo monótono, con un espíritu que empezaba a sentirse demasiado cincuentón para la nueva época de dinamismos digitales y blancos móviles. Ahora, ya sin su famosa entradilla –las primeras líneas en negrita de cada nota, que actuaban a veces como un corsé sobre el redactor– y con redactores jóvenes, como Gualdoni, o como mi amigo Carlos E. Cué, en cuya casa me quedé en esos días, haciendo cosas que antes sólo hacían los generales o los coroneles, El País me ha parecido un diario fresco y mucho más flexible que antes para captar el estado de ánimo social. Mérito, probablemente, de su nuevo director, Javier Moreno (o por lo menos eso es lo que me dicen). Me dio envidia leer un diario así en castellano.


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