Blog personal
de Hernán
Iglesias Illa

junio 2009

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14 de mayo de 2008

Gualdoni es argentino | El País

Una de las notas del día es "Argentina, más aislada que nunca", demoledor comentario de Fernando Gualdoni en El País, de Madrid, sobre la situación y el movimiento del matrimonio Kirchner. Lo pegaron y lo comentaron casi todos los diarios y portales porteños, rebotó hacia blogs (uno, dos) y se derramó en cientos de comentarios en cada uno de esos lugares.

Ninguno de ellos, dice, sin embargo –probablemente porque no lo saben–, que Gualdoni es argentino. Trabajé con él en El País en 1999-2000; él había hecho el Máster de El País en 1997, un año antes que yo, y en esa época trabajaba en Economía. Me acuerdo de que uno de sus primeros éxitos en el diario fue su cobertura de la accidentada y sorprendente cumbre de la OMC en Seattle, en 1999, a donde llegó como un reportero de comercio internacional y volvió como el cronista estrella del movimiento antiglobalización. Gualdoni es pampeano, creo que de Santa Rosa, y ya debe llevar más de 15 años viviendo fuera del país. Un tipo muy simpático, que hacía muy pocos esfuerzos por esconder su argentinidad. Los otros dos o tres argentinos que estábamos en El País en ese momento disimulábamos un poco nuestro acento, tratábamos de hablar en voz bajita, sobre todo con las fuentes a las que llamábamos para hacer nuestro trabajo. No queríamos, o por lo menos yo no quería, que mis conversaciones con secretarios de Estado o directores de Greenpeace, con quienes hablaba bastante en esos meses, girara en torno a mi argentinidad. A Gualdoni no le importaba nada: lo escuchabas desde el otro lado de la redacción diciéndole "¿Qué hacés, loco, cómo estás?" a los portavoces o a los empresarios con los que hablaba entonces. La última vez que lo vi, hace un par de años, seguía igual. Un gran personaje de la redacción.

La nota empieza así:

Argentina está sola. Su relación con Venezuela la ha alejado de Estados Unidos, un conveniente socio y aliado. A Bolivia le ha dado la espalda cuando más la necesitaba y su amistad íntima con Uruguay pasa por su peor momento. Poco a poco, Brasil le ha arrebatado todo su poder de influencia regional y con España, la madre patria, apenas si se escribe. El peor efecto a largo plazo de la crisis de 2001 para Argentina ha sido su desaparición del mundo. El país suramericano ha descuidado dos ejes clave de su política exterior: el fortalecimiento del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea, ha perdido peso en los foros internacionales y ningún líder mundial se muere por visitarlo. En marzo, la secretaria de Estado de EE UU, Condoleezza Rice, ignoró sin rodeos a Argentina en una visita que hizo a Brasil y Chile.

Gualdoni brilla cuando habla de las (mínimas) políticas comerciales de Argentina, a las que conoce bien, y cuando se refiere a Bolivia, donde ha pasado mucho tiempo en los últimos años. A mí lo que más me interesa es el género de la nota, que es casi un manifiesto y que era tan difícil de encontrar en El País hasta hace unos años. La semana pasada estuve unos días en Madrid y me sorprendió comprobar en papel los cambios que yo ya venía notando en la web. El País, en mi época, era un diario perfecto pero con pocas texturas, algo monótono, con un espíritu que empezaba a sentirse demasiado cincuentón para la nueva época de dinamismos digitales y blancos móviles. Ahora, ya sin su famosa entradilla –las primeras líneas en negrita de cada nota, que actuaban a veces como un corsé sobre el redactor– y con redactores jóvenes, como Gualdoni, o como mi amigo Carlos E. Cué, en cuya casa me quedé en esos días, haciendo cosas que antes sólo hacían los generales o los coroneles, El País me ha parecido un diario fresco y mucho más flexible que antes para captar el estado de ánimo social. Mérito, probablemente, de su nuevo director, Javier Moreno (o por lo menos eso es lo que me dicen). Me dio envidia leer un diario así en castellano.

10 de mayo de 2008

Hernanii no es un títere

Tocayos en Google. Algunos no se portan del todo bien.

-¿Qué pasó después con Hernán Iglesias (máxima autoridad del torneo)? Vimos que tuviste un cruce...
-Nada grave. Ese señor, que por cierto es muy maleducado, me vino hablar con su manera patotera y sobradora y yo, con los decibeles muy altos tuve un cruce feo. Sé que a mí me echó Hernán Iglesias, pero me quedo tranquilo porque sé que Hernán Iglesias no existe, es un títere.

Patotero y sobrador, puede ser. Títere, nunca. Hernanii, en defensa de sus doppelgängers.

8 de mayo de 2008

River y la teoría de los 100-P | Fútbol

Si hubiera estado escribiendo en el blog todas estas semanas, en las que preferí hacer otras cosas, habría escrito un post que llevo rumiando un tiempo largo ya, sobre la importante que es para los equipos argentinos de primera división –de cualquier lado, en realidad, pero el post era específicamente sobre los argentinos– tener cinco, seis o más jugadores en la cancha con al menos 100 partidos en Primera División cada uno. El número 100 parece arbitrario, y en buena medida lo es, pero también es más o menos la cantidad de partidos que acumula un jugador que es titular durante tres temporadas completas. La consistencia y la confiabilidad que ganan esos jugadores tras cruzar esa barrera (o un poco antes, o un poco después) es para mí una cualidad a la que se le hace mucho menos caso del que se debería.

Escribo entonces ese post hoy, dos horas después de verle perder un partido incomprensible al equipo del que soy hincha desde siempre. Es un partido del que se hablará mucho tiempo, uno de esos episodios aparentemente incomprensibles que rápidamente piden categoría de milagro o hazaña. ¿Por qué se hundió River? ¿Por qué se apagó de golpe, como si lo hubieran desenchufado, un rato después de meter el segundo gol y, sobre todo, después del descuento de San Lorenzo? Por las mismas razones por las que River ha sido un equipo poco confiable en los últimos dos o tres años: la falta de jugadores consistentes que aseguren un piso de rendimiento alto, que aún en sus malos días tengan desempeños razonables. Esa cualidad, creo, se alcanza con partidos en Primera, y es algo que le ha faltado a River en la época de Passarella y también ahora. River se ha encomendado recientemente a jugadores como Carrizo, Ahumada, Abelairas, Falcao, Augusto Fernández, Alexis Sánchez y Buonanotte, todos titulares indiscutidos para los hinchas y casi todos para el técnico. Ninguno de ellos tiene 100 partidos en Primera.

En el partido de hoy, solamente tres jugadores de River tenían más de 100 partidos en Primera: Ferrari, Cabral y Tuzzio, en quien los beneficios de la experiencia se han empezado a cancelar con los perjuicios del declive físico. (Rosales, que entró después, también tiene 100 partidos en Primera.) En cambio, San Lorenzo tenía dentro de esa categoría a siete titulares (González, Bottinelli, Méndez, Rivero, Torres, Placente y Silvera) y dos de los tres suplentes que entraron después (Aguirre e Hirsig). (Probablemente Abreu y D'Alessandro, de larga experiencia en Europa y/o México también merezcan entrar en este grupo, aun cuando tengan sólo 79 y 80 partidos, respectivamente, en el fútbol argentino. Pero la regla, por ser una regla, no puede ser perfecta. Entre lo que agrega y lo que quita me parece que acierta bastante. Los datos los saco todos del fabuloso, adictivo y muy recomendable FútbolXXI.)

Cuando River, esta noche, tuvo que dejar de correr y ponerse a pensar, le faltó tener en la cancha a un Battaglia, un Braña, un Maxi Bustos, un Pelletieri, un Moreno y Fabianesi, entre decenas de otros tipos confiables en Primera División, que supieran hacer respirar al partido al ritmo que le convenía. Quizás lo tenía en el banco. Leo Ponzio, que acumula 128 partidos en primera, entiende para mí mucho mejor el juego que Ahumada: casi siempre que River está nervioso, Ahumada está en la cancha; casi siempre que los partidos de River son dramáticos, para bien o para mal, con el corazón en la garganta aún ganando, está Ahumada en la cancha. Le valoro a Ahumada su entrega y su más que probado cariño por la camiseta de River. Pero no me parece un jugador inteligente o que genere en los rivales la sensación de autoridad que dan a su alrededor Battaglia o, miren lo que voy a decir, Andrés San Martín.

Es fácil saber qué pueden dar, cuando están encendidos, Buonanotte, Alexis Sánchez o Falcao. Lo que no sabemos todavía, porque los hemos visto poco, es qué pueden dar cuando no están encendidos. Salir a la cancha con jugadores poco experimentados implica arriesgarse, casi con seguridad, a un alto grado de imprevisibilidad. El mejor jugador de River en lo que va de año es Matías Abelairas. Su nueva posición es el mayor acierto del técnico y su capacidad para hundir cada tiro libre entre el punto de penal y el área chica lo han convertido en imprescindible. Tiene 33 partidos en Primera.

Los españoles le dicen "pájara" a lo que les pasa a los ciclistas que se quedan clavados, sin poder avanzar o avanzando apenas, en las etapas de montaña. A River hoy le dio una pájara monumental: se quedó quieto, sin jugar, viendo cómo San Lorenzo se le venía encima. Las pájaras, en el Tour de France, les ocurren a los jóvenes, que todavía no gestionan del todo bien el oxígeno o los nervios, y los viejos, que hacen lo que pueden. A ver cómo se ve esta captura de Numbers (el Excel de Apple) con los partidos en Primera de todos los jugadores del partido de hoy:

Caslariver

Ese corazón central en la formación de River con números de dos cifras me duele en el alma. Ahí falta algo. No soy de citar clichés históricos del fútbol argentino, pero "los pibes ganan partidos; los viejos, campeonatos" me parece uno de los menos dañinos. Hasta Lanús, un equipo rotulado como "de pibes", tenía siete titulares con más de 100 partidos en primera (el arquero, los cuatro del fondo, Pelletieri y Sand). Ya la seguiremos otro día, porque ahora tengo que sufrir con los Spurs y, más tarde, después de tomar un par de cafés, trabajar. Pero la teoría de los 100-P, los cien partidos en Primera, todavía tiene mucho juego.