[ Paseando por Factiva me encontré con esta nota que escribí para El Cronista, poco antes de mudarme a Nueva York. No me la acordaba. Y eso que era sobre el libro del amigo Rollo Tomasi. La advertencia final de Rollo, cinco años después, mantiene –como se dice siempre en estos casos– toda su vigencia. ]
Economía mirando al Sudeste
Por culpa de sus condiciones “genéticas”, la Argentina tuvo muchas veces que elegir entre equidad o crecimiento. Un nuevo libro pide paciencia
Un análisis de HERNÁN IGLESIAS
27 April 2004
La Argentina no ha podido, en los últimos 75 años, tener una economía que creciera vigorosamente y que, al mismo tiempo, promoviera la equidad. ¿Por qué ha sido así? Según un libro publicado recientemente por los economistas Pablo Gerchunoff y Lucas Llach no se debió (por lo menos, no sustancialmente) a la incapacidad de los ministros de Economía, la mezquindad de los políticos o la maldad del FMI: el problema, la triste elección entre equidad y crecimiento, la ha tenido que hacer la Argentina por las condiciones genéticas de su economía. Excepcionalmente dotada para la producción de alimentos (actividad que demanda una cantidad limitada de trabajadores), cada vez que intentó fomentar la industria –que permite (o permitía) un empleo masivo y, por lo tanto, otorgaba más equidad– lo hizo al alto costo de tener que cerrar la economía y, con ello, perder buena parte del crecimiento que da el comercio, dicen los autores de Entre la equidad y el crecimiento (Siglo XXI). De la misma manera, la Argentina posee la excepcional cualidad de que su sector más dinámico coincide con la canasta familiar, por lo que durante mucho tiempo fue un gran negocio político (especialmente, durante el peronismo) hacer difícil la exportación de alimentos, para así mantenerlos baratos.
Durante los últimos años, dos líneas opuestas (a las que los autores llaman la la nostalgia peronista y la nostalgia liberal) intentaron explicar el mediocre desempeño argentino. La primera, usada no sólo por el PJ, idealiza la tibieza proteccionista, y afirma que cada vez que la Argentina abrió su economía al mundo le fue mal. La segunda afirma que el problema de la economía han sido los bruscos cambios políticos y de las reglas de juego. “Discutimos con estas dos tradiciones, intentando hacer una historia de la economía que vaya más allá de las explicaciones culturales”, dijo Gerchunoff, profesor de la Universidad Di Tella y ex funcionario del gobierno de la Alianza, en la presentación del trabajo en la Feria del Libro.
Los autores dividen a la historia económica argentina en cuatro cuadrantes, según su balanza comercial y su propensión al endeudamiento. Hoy, la Argentina está en el cuadrante Sudeste (combinación de economía abierta y superávit fiscal), por primera vez desde la etapa de apogeo entre 1890 y 1930. Los autores creen que, a pesar de ser un cuadrante que no ayuda especialmente a conseguir más equidad (uno de sus fundamentos son los salarios bajos en dólares), sí puede contribuir a crecer sostenidamente. “Lo que sí va a ser necesario es paciencia, porque a medida que el tipo de cambio se recomponga van a surgir pedidos de sectores poco competitivos de cerrar la economía”, dice Llach, investigador de la Universidad Di Tella. Ceder a esos pedidos sería entrar otra vez en la tragedia argentina: ganar equidad en el corto plazo pagando el precio del estancamiento posterior.

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