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14 de mayo de 2008

Gualdoni es argentino | El País

Una de las notas del día es "Argentina, más aislada que nunca", demoledor comentario de Fernando Gualdoni en El País, de Madrid, sobre la situación y el movimiento del matrimonio Kirchner. Lo pegaron y lo comentaron casi todos los diarios y portales porteños, rebotó hacia blogs (uno, dos) y se derramó en cientos de comentarios en cada uno de esos lugares.

Ninguno de ellos, dice, sin embargo –probablemente porque no lo saben–, que Gualdoni es argentino. Trabajé con él en El País en 1999-2000; él había hecho el Máster de El País en 1997, un año antes que yo, y en esa época trabajaba en Economía. Me acuerdo de que uno de sus primeros éxitos en el diario fue su cobertura de la accidentada y sorprendente cumbre de la OMC en Seattle, en 1999, a donde llegó como un reportero de comercio internacional y volvió como el cronista estrella del movimiento antiglobalización. Gualdoni es pampeano, creo que de Santa Rosa, y ya debe llevar más de 15 años viviendo fuera del país. Un tipo muy simpático, que hacía muy pocos esfuerzos por esconder su argentinidad. Los otros dos o tres argentinos que estábamos en El País en ese momento disimulábamos un poco nuestro acento, tratábamos de hablar en voz bajita, sobre todo con las fuentes a las que llamábamos para hacer nuestro trabajo. No queríamos, o por lo menos yo no quería, que mis conversaciones con secretarios de Estado o directores de Greenpeace, con quienes hablaba bastante en esos meses, girara en torno a mi argentinidad. A Gualdoni no le importaba nada: lo escuchabas desde el otro lado de la redacción diciéndole "¿Qué hacés, loco, cómo estás?" a los portavoces o a los empresarios con los que hablaba entonces. La última vez que lo vi, hace un par de años, seguía igual. Un gran personaje de la redacción.

La nota empieza así:

Argentina está sola. Su relación con Venezuela la ha alejado de Estados Unidos, un conveniente socio y aliado. A Bolivia le ha dado la espalda cuando más la necesitaba y su amistad íntima con Uruguay pasa por su peor momento. Poco a poco, Brasil le ha arrebatado todo su poder de influencia regional y con España, la madre patria, apenas si se escribe. El peor efecto a largo plazo de la crisis de 2001 para Argentina ha sido su desaparición del mundo. El país suramericano ha descuidado dos ejes clave de su política exterior: el fortalecimiento del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea, ha perdido peso en los foros internacionales y ningún líder mundial se muere por visitarlo. En marzo, la secretaria de Estado de EE UU, Condoleezza Rice, ignoró sin rodeos a Argentina en una visita que hizo a Brasil y Chile.

Gualdoni brilla cuando habla de las (mínimas) políticas comerciales de Argentina, a las que conoce bien, y cuando se refiere a Bolivia, donde ha pasado mucho tiempo en los últimos años. A mí lo que más me interesa es el género de la nota, que es casi un manifiesto y que era tan difícil de encontrar en El País hasta hace unos años. La semana pasada estuve unos días en Madrid y me sorprendió comprobar en papel los cambios que yo ya venía notando en la web. El País, en mi época, era un diario perfecto pero con pocas texturas, algo monótono, con un espíritu que empezaba a sentirse demasiado cincuentón para la nueva época de dinamismos digitales y blancos móviles. Ahora, ya sin su famosa entradilla –las primeras líneas en negrita de cada nota, que actuaban a veces como un corsé sobre el redactor– y con redactores jóvenes, como Gualdoni, o como mi amigo Carlos E. Cué, en cuya casa me quedé en esos días, haciendo cosas que antes sólo hacían los generales o los coroneles, El País me ha parecido un diario fresco y mucho más flexible que antes para captar el estado de ánimo social. Mérito, probablemente, de su nuevo director, Javier Moreno (o por lo menos eso es lo que me dicen). Me dio envidia leer un diario así en castellano.

10 de mayo de 2008

Hernanii no es un títere

Tocayos en Google. Algunos no se portan del todo bien.

-¿Qué pasó después con Hernán Iglesias (máxima autoridad del torneo)? Vimos que tuviste un cruce...
-Nada grave. Ese señor, que por cierto es muy maleducado, me vino hablar con su manera patotera y sobradora y yo, con los decibeles muy altos tuve un cruce feo. Sé que a mí me echó Hernán Iglesias, pero me quedo tranquilo porque sé que Hernán Iglesias no existe, es un títere.

Patotero y sobrador, puede ser. Títere, nunca. Hernanii, en defensa de sus doppelgängers.

8 de mayo de 2008

River y la teoría de los 100-P | Fútbol

Si hubiera estado escribiendo en el blog todas estas semanas, en las que preferí hacer otras cosas, habría escrito un post que llevo rumiando un tiempo largo ya, sobre la importante que es para los equipos argentinos de primera división –de cualquier lado, en realidad, pero el post era específicamente sobre los argentinos– tener cinco, seis o más jugadores en la cancha con al menos 100 partidos en Primera División cada uno. El número 100 parece arbitrario, y en buena medida lo es, pero también es más o menos la cantidad de partidos que acumula un jugador que es titular durante tres temporadas completas. La consistencia y la confiabilidad que ganan esos jugadores tras cruzar esa barrera (o un poco antes, o un poco después) es para mí una cualidad a la que se le hace mucho menos caso del que se debería.

Escribo entonces ese post hoy, dos horas después de verle perder un partido incomprensible al equipo del que soy hincha desde siempre. Es un partido del que se hablará mucho tiempo, uno de esos episodios aparentemente incomprensibles que rápidamente piden categoría de milagro o hazaña. ¿Por qué se hundió River? ¿Por qué se apagó de golpe, como si lo hubieran desenchufado, un rato después de meter el segundo gol y, sobre todo, después del descuento de San Lorenzo? Por las mismas razones por las que River ha sido un equipo poco confiable en los últimos dos o tres años: la falta de jugadores consistentes que aseguren un piso de rendimiento alto, que aún en sus malos días tengan desempeños razonables. Esa cualidad, creo, se alcanza con partidos en Primera, y es algo que le ha faltado a River en la época de Passarella y también ahora. River se ha encomendado recientemente a jugadores como Carrizo, Ahumada, Abelairas, Falcao, Augusto Fernández, Alexis Sánchez y Buonanotte, todos titulares indiscutidos para los hinchas y casi todos para el técnico. Ninguno de ellos tiene 100 partidos en Primera.

En el partido de hoy, solamente tres jugadores de River tenían más de 100 partidos en Primera: Ferrari, Cabral y Tuzzio, en quien los beneficios de la experiencia se han empezado a cancelar con los perjuicios del declive físico. (Rosales, que entró después, también tiene 100 partidos en Primera.) En cambio, San Lorenzo tenía dentro de esa categoría a siete titulares (González, Bottinelli, Méndez, Rivero, Torres, Placente y Silvera) y dos de los tres suplentes que entraron después (Aguirre e Hirsig). (Probablemente Abreu y D'Alessandro, de larga experiencia en Europa y/o México también merezcan entrar en este grupo, aun cuando tengan sólo 79 y 80 partidos, respectivamente, en el fútbol argentino. Pero la regla, por ser una regla, no puede ser perfecta. Entre lo que agrega y lo que quita me parece que acierta bastante. Los datos los saco todos del fabuloso, adictivo y muy recomendable FútbolXXI.)

Cuando River, esta noche, tuvo que dejar de correr y ponerse a pensar, le faltó tener en la cancha a un Battaglia, un Braña, un Maxi Bustos, un Pelletieri, un Moreno y Fabianesi, entre decenas de otros tipos confiables en Primera División, que supieran hacer respirar al partido al ritmo que le convenía. Quizás lo tenía en el banco. Leo Ponzio, que acumula 128 partidos en primera, entiende para mí mucho mejor el juego que Ahumada: casi siempre que River está nervioso, Ahumada está en la cancha; casi siempre que los partidos de River son dramáticos, para bien o para mal, con el corazón en la garganta aún ganando, está Ahumada en la cancha. Le valoro a Ahumada su entrega y su más que probado cariño por la camiseta de River. Pero no me parece un jugador inteligente o que genere en los rivales la sensación de autoridad que dan a su alrededor Battaglia o, miren lo que voy a decir, Andrés San Martín.

Es fácil saber qué pueden dar, cuando están encendidos, Buonanotte, Alexis Sánchez o Falcao. Lo que no sabemos todavía, porque los hemos visto poco, es qué pueden dar cuando no están encendidos. Salir a la cancha con jugadores poco experimentados implica arriesgarse, casi con seguridad, a un alto grado de imprevisibilidad. El mejor jugador de River en lo que va de año es Matías Abelairas. Su nueva posición es el mayor acierto del técnico y su capacidad para hundir cada tiro libre entre el punto de penal y el área chica lo han convertido en imprescindible. Tiene 33 partidos en Primera.

Los españoles le dicen "pájara" a lo que les pasa a los ciclistas que se quedan clavados, sin poder avanzar o avanzando apenas, en las etapas de montaña. A River hoy le dio una pájara monumental: se quedó quieto, sin jugar, viendo cómo San Lorenzo se le venía encima. Las pájaras, en el Tour de France, les ocurren a los jóvenes, que todavía no gestionan del todo bien el oxígeno o los nervios, y los viejos, que hacen lo que pueden. A ver cómo se ve esta captura de Numbers (el Excel de Apple) con los partidos en Primera de todos los jugadores del partido de hoy:

Caslariver

Ese corazón central en la formación de River con números de dos cifras me duele en el alma. Ahí falta algo. No soy de citar clichés históricos del fútbol argentino, pero "los pibes ganan partidos; los viejos, campeonatos" me parece uno de los menos dañinos. Hasta Lanús, un equipo rotulado como "de pibes", tenía siete titulares con más de 100 partidos en primera (el arquero, los cuatro del fondo, Pelletieri y Sand). Ya la seguiremos otro día, porque ahora tengo que sufrir con los Spurs y, más tarde, después de tomar un par de cafés, trabajar. Pero la teoría de los 100-P, los cien partidos en Primera, todavía tiene mucho juego.

19 de abril de 2008

Llorate un río | Anónimo

Un amigo de Facebook, argentino y porteño, a quien no conozco pero con quien de vez en cuando nos intercambiamos emails, posteó hoy, para sus 98 contactos, y tipeado desde su celular, el siguiente ensayito. Está en inglés, por razones que él explica al final:

I could use a good cry.

Say, crying for two hours, barely making noise, shaking my chest and shoulders a bit.

By myself. A movie theater sounds just fine. Maybe El Patio, early in the afternoon.

A good crying needs no comforting friend or symphaty looks.

I have lots of crying pending. I rubbed my brother' s ass while my aunt was giving the eulogy for my late father.

The man was there, gray in his coffin, and I got a kick out of playing the turrito. I really loved that man.

I cried for a second when my son emerged from his mother's womb. The guy shitted the place all over, and I stopped crying to follow the nurse's drill, he kept on yelling and shitting all over. My son is my kind of guy.

I once left a woman, and the day after I was late to a meeting, in a cab, working on my phone. I cried for a second, but I arrived and I payed and tipped the cabby and I swichted from sad to smile. Can't remember who was waiting for me.

I do need to cry, but not in spanish. In spanish, crying is a blue, quiet, long, long, mourning. We all have a great grand mother who wore black for twenty years, keeping sorrow within.

I rather cry in english.Not a snobbish gesture. In english,you cry a river for the relief you get while you are at it. To put that thing out of you. To let it go.

I'll figure out how to open the damn dam, and I'll make some water and I will let it go.

Leyendo estas cosas a veces pienso que la ficción no es necesaria: lo mejor de un escritor, casi siempre, es él mismo.

6 de abril de 2008

Llevo tres días...

...escuchando esta canción. The Decemberists. Sons and Daughters.

29 de marzo de 2008

Fisking Roitberg

La Nación lleva ya un par de años siendo el diario argentino con la mejor y más innovadora página web. Está claro que son los que más plata le ponen y los que más parecen estar preguntándose qué demonios le espera en el futuro a los diarios de papel.

Sin embargo, el diario pierde buena parte de su optimismo, sus ganas de innovar y de ser el primero, cuando sus periodistas especializados escriben  en sus páginas sobre Internet.

Hoy la tapa de ADN Cultura, el suplemento cultural de La Nación, la ocupa una nota titulada "La revolución cibercultural" y está firmada por Gastón Roitberg, quien no sólo es redactor del diario sino también gerente de contenido de Lanacion.com. (Disclaimer: publiqué hace poco una nota en ADN y estamos conversando con sus editores para publicar más cosas. Además, en diciembre publicaron una reseña sumamente generosa sobre mi libro. Mi neurona prudente, por lo tanto, me está pidiendo a gritos que deje de escribir ya mismo. Intentaré ser lo más gentil posible.)

Si alguien se despertara hoy de un coma y lo primero que le dieran a leer con el desayuno fuera la nota de Roitberg, esa persona pensará que Internet es un fenómeno desgraciado, al que casi todo el mundo se opone y cuyos efectos negativos son mucho más poderosos que los positivos. Yo no estoy para nada de acuerdo con esa descripción.

Un primer problema de la nota, quizás anterior a Roitberg, es esta insistencia de la prensa argentina de escribir notas gordas y generales sobre temas gordos y generales, imposibles de bajar a tierra y hacerlas mínimamente cercanas para quienes las están leyendo. Casi invariablemente, estas notas se escoran hacia el ensayismo o la monografía y a las citas de sociólogos franceses. Como Roitberg escribe bastante bien, estos defectos tienden a ser menos graves que en otros artículos habituales. Pero termina al final escribiendo un ensayo con entrecomillados de sociólogos franceses.

Toda la nota en general me huele a otra época: la sentí mucho más "1999" que "2008". Ya la palabra cibercultura, título y centro de gravedad del texto, es un poco noventosa. Tengo la sensación de que es una palabra que ya ha tocado su techo de popularidad académica y está en declive desde hace por lo menos un par de años.

Después están las fuentes. Miren las fechas de los primeros artículos citados: 2001 (Alejandro Piscitelli), 1984 y 1981 (William Gibson), 1996 (Manuel Castells), 1996 (Jorge Rivera), (probablemente) 2000 (Armand Matellart), 1995 (Negroponte) y 1997 (Giovanni Sartori). ¿Había necesidad de ir tan lejos? Yo creo que no. Después la nota se pone un poco más actualizada (Chris Anderson, 2004; De Charras, 2007; Wolton, 2005), pero volviendo siempre a la base, generosa en citas citables, de los sociólogos franceses o europeos. Googleando a estos sociólogos me di cuenta de otra cosa: nacieron casi todos antes de 1950 y algunos, como Matellart o Sartori o Zygmunt Bauman, mucho antes, con lo que la Internet ya los agarró de grandes. ¿Hay que prohibirles entonces a la gente mayor opinar de Internet? Más bien que no. Pero parte del tufillo conservador de la nota quizás se deba a que hay muchas fuentes de sociólogos maduros y pocas de gente que analice la "cibercultura" desde adentro.

Pero basta de todo esto, que se está poniendo denso. Vamos al fisking, que es lo que tenía ganas de hacer desde el principio. Hay varias frases de la nota de Roitberg que atacan injustamente a Internet o me parece que están directamente mal argumentadas o muestran una nostalgia por el pasado pre-Internet para mí insólita en un pibe al que supongo de mi generación. Ahí vamos. Éste es el primer párrafo de la nota:

Hace quince años, los argentinos colmaban las bibliotecas públicas para conseguir información, estudiar o investigar, iban de los shoppings a los locales para comparar precios de diferentes productos, ponían anuncios en carteleras urbanas para publicitar la compra o venta de sus bienes o utilizaban masivamente los libros de quejas para calificar un servicio en forma negativa, entre otras prácticas. Hoy, esas mismas costumbres perduran, pero también -y cada vez más- tienen lugar en la pantalla de la computadora, sin la riqueza insustituible del contacto personal. La llamada "cibercultura" llegó para quedarse, y ha producido un cambio de paradigma del que no parece haber vuelta atrás.

¿Hace quince años los argentinos colmaban las bibliotecas públicas? Por supuesto que no. ¿Ponían anuncios en carteleras urbanas para publicitar la compra o venta de sus bienes? ¿Utilizaban masivamente los libros de quejas para calificar un servicio en forma negativa? Quizás, pero no masivamente. Hace 15 años las empresas de servicios públicos estaban recién privatizadas y, por más beneficios que tuviera la propiedad estatal de las empresas, estoy seguro de que los libros de quejas no eran uno de ellos. De todas maneras, la expresión clave del párrafo es "sin la riqueza insustituible del contacto personal". La palabra siguiente es cibercultura: ya, por el tono, sabemos que mucho no nos gusta. (Sobre "la riqueza insustituible del contacto personal": no echo de menos –y creo que en esto pertenezco a la mayoría– el contacto personal con los cajeros de los bancos ni, por ejemplo, con los entusiastas empleados de las agencias recaudadoras de impuestos. Y agradezco a Skype que me deje verle le cara y hablar con mi sobrino gratis todas las semanas. La webcam no tendrá la "riqueza insustituible del contacto personal", pero le gana por afano al teléfono y al email.). Otro párrafo:

Pero dado que la vida cibernética no es tanto una actividad individual como una experiencia compartida, también se tiene la posibilidad de construir comunidades de usuarios en torno a intereses comunes, con un único inconveniente todavía irresoluble: la ausencia del contacto cara a cara.

Otra vez el tema del "cara a cara". Dos comentarios: el primero es que no es un "inconveniente irresoluble". Muchísimas relaciones –de intereses comunes y también románticas– empiezan en Internet y siguen en la "vida real" y después vuelven a Internet, o a una mezcla de ambas: la frontera es mucho más permeable de lo que Roitberg da a entender. Yo, por ejemplo, tengo relación con un puñado de periodistas y escritores y jefes a los que nunca les vi la cara, o sólo nos vimos una vez. Durante dos años participé en el proyecto de Los Trabajos Prácticos sin conocerle la cara a ninguno de los otro cuatro miembros principales. Nunca pensé eso como un inconveniente, sino todo lo contrario: sin Internet, TP no habría existido. Otro:

[Laura Siri, escritora, docente y periodista especializada en tecnologías de la información] añade: "Buscar en Internet ya  es sinónimo de googlear . Si algo no aparece indexado en Google, es como si no existiera en la Red. [...] Sería deseable, por ejemplo, que si uno busca información sobre Mali, aparecieran en primer término fuentes propias de ese país africano, y no lo que dice el FactBook de la CIA sobre él. Cuesta creer que ese país no tenga nada que decir sobre sí mismo".

Laura Siri publicó hace un par de semanas en el diario Crítica un par de artículos (aquí la parte uno, aquí la parte dos) titulados, con mucha humildad, "Diez gansadas sobre internet (y de cómo las repetimos a coro)". No me gustaron mucho las notas: mezclaba peras con bananas (¿qué tiene que ver el voto electrónico con Internet?) e insistía con un argumento presuntamente de izquierda que consiste en criticar a Internet porque, lejos de democratizar la información, aumenta las diferencias entre quienes tienen acceso a ella y quienes no la tienen. Es un argumento que para mí es fácil de rebatir. Por un lado, sabemos que el acceso a Internet ayuda a todos quienes lo consiguen (lo dice ella misma): entonces lo que tenemos que hacer es dárselo a quienes no lo tienen. El problema no es de Internet. Es como si la vacuna contra el sarampión hubiera sido criticada por excluyente porque diez años después de inventada sólo se había vacunado a un cuarto de la población mundial. ¡La culpa, claramente, no es de la vacuna!

Sobre Google y Malí. Roitberg se podría haber tomado el trabajo de al menos chequear lo que le estaba diciendo Siri. Si uno busca "Mali" en Google.com, que otorga prioridad a las páginas en inglés, efectivamente el segundo resultado, por detrás de la entrada de Wikipedia, es la del Factbook de la CIA. Pero si uno hace la búsqueda en francés, que es el idioma oficial de Malí, el segundo resultado, también detrás de Wikipedia, es el del sitio oficial del gobierno de Malí. (Buscando en castellano, la web de la CIA no figura en la primera página de resultados). Si a Siri le "cuesta creer que ese país no tenga nada que decir" es porque tiene razón: Malí tiene mucho para decir. Pero sólo a aquel que sabe buscar. Seguimos:

La revolución multimedia tiene numerosas ramificaciones en la que Internet ocupa un lugar central, pero donde coexisten otras redes digitales. En términos de Giovanni Sartori, se trata de la convivencia y lento desplazamiento del homo sapiens , producto de la cultura escrita, al homo videns, que rinde culto a la imagen.

Homo Videns es un libro sobre la televisión, no sobre Internet. Su tesis principal era que, a medida que leíamos menos libros y mirábamos más televisión, nos estábamos embruteciendo y convirtiéndonos en una sociedad boba. Hoy podemos decir, con toda humildad, que Sartori la pifió. El mundo de hoy quizás no sea una euforia de cultura letrada, pero seguramente es mucho más letrada que la de hace diez años. Hay millones de personas (incluyendo profesionales y oficinistas) que podían pasar meses sin escribir una línea y que ahora escriben decenas de emails o posts o mensajes de texto por día. Hay mensajes mal escritos, faltas de ortografía y abreviaturas arbitrarias, es cierto, pero eso no debilita, creo, mi argumento: entre no escribir y escribir como se puede, siempre es más "cultura letrada" lo segundo. Aunque ahora está empezando a ser más visual, durante su primera década de vida Internet fue un medio eminentemente escrito. Y su popularidad ha tomado por sorpresa a los apocalípticos como Sartori. No soy el único que lo dice: lo que no encuentro ahora es el link buenísimo sobre el tema que tengo guardado en algún lado. Sigue la nota:

Pero el hecho de que Internet se pretenda masiva y la maquinaria publicitaria haga su trabajo de manera eficiente, no significa que lo sea. En todo caso, como señala De Charras, se trata de una masividad segmentada: "Uno de los mayores limitantes de la masificación de Internet es su naturaleza excluyente. Se requiere de un capital económico que garantice una infraestructura básica para poder acceder y un capital cultural que permita manejar una PC [u otro dispositivo] y ordenar, procesar y seleccionar la información disponible".

Está contestado más arriba. Hay que tener mucha mala leche para decir que Internet tiene una "naturaleza excluyente". Les pregunto a De Charras y a Roitberg: ¿dirían ustedes que la naturaleza de la energía eléctrica, la radio o la televisión es "excluyente"? Probablemente no: el 99% de los hogares de Argentina y casi todos los países de Occidente tienen las tres cosas, así que es imposible que su "naturaleza" ser excluyente. Pero en algún momento de l historia sólo las familias ricas tenían luz eléctrica o radio o televisión. ¿Eran en ese momento excluyentes? Tampoco. Por otra parte, ninguna de estas tres tecnologías, ni otras como el teléfono, puede presumir de una propagación tan rápida como Internet, que en poco más de una década ya ha llegado al 25% de la población mundial. Me gustaría compararla con el teléfono celular, porque deben estar parejos. Hace poco vi un grafiquito buenísimo (tampoco me acuerdo el link: ¡perdón!) sobre cuánto habían tardado distintas tecnologías en llegar al 10% de la población mundial. Internet era la más rápida, con mucha diferencia sobre las otras. Más:

Para Pablo Boczkowski, investigador de medios on-line en la Northwestern University, Internet presenta una doble personalidad de espacio que promueve la diversidad cultural, pero donde la mayoría de la audiencia está en unos pocos sitios. Estos grandes jugadores adquieren una posición dominante en el mercado de bienes digitales de tipo cultural -explica Boczkowski- y a pesar de la aparición de competidores de nicho por los bajos costos operativos que tiene un proyecto digital (en comparación con otros negocios), "estamos en presencia de un espacio donde unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco".

¿Quiénes son estos grandes jugadores? ¿Yahoo, Google? Supongo. Igual no entiendo la frase de Boczkowski (ver currículum). Dice esto ("unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco") justo después de cinco años en los que la explosión de los blogs y las comunidades online han hecho explotar en mil pedacitos la forma en la la gente navega por Internet. Quizás las cifras le dén la razón (quizás hay tres o cuatro sitios que acaparan el 80% o más de las visitas, aunque no lo creo), pero de todas maneras la tendencia (la película) es hacia la atomización, no a la concentración.

Por otra parte, "
unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco", ¿comparado con qué? ¿Con la televisión? Ahí había, hasta hace un par de décadas, tres o cuatro canales y el resto, literalmente, mirábamos. ¿Con los diarios? En la mayoría de las ciudades, la industria de los diarios era un casi monopolio. La porosidad de Internet, en cambio, para romper esas barreras no tiene precedentes: esta semana, los blogs argentinos sobre política y temas agropecuarios han tenido decenas de miles de visitas.

No puedo creer lo largo que se ha hecho esto. El fisking ha terminado. Roitberg cierra el artículo con una nota positiva, elogiando finalmente al "ciberusuario" por sus contribuciones a la conversación global.  Igualmente, el espíritu general de la nota es de desasosiego y pesimismo, en consonancia con sus fuentes: los intelectuales franceses tienden a ser desasosegados y pesimistas. Quizás quede más "inteligente" el pesimismo que el optimismo; a menudo ha sido así. Probablemente sea el famoso "espíritu crítico". Para mí es una pena, porque creo que el balance de Internet, una docena de años después de su nacimiento, es abrumadoramente positivo. Razones tengo miles, pero me parece que veinte párrafos por hoy son más que suficientes.

27 de marzo de 2008

Furio Tomasi

Después de un par de días de silencio, Rollo Tomasi se despertó épico y apasionado: fabuloso post que es una marea y un tornado. Un párrafo:

La ansiedad argentina. ¿De dónde viene? ¿Es que estamos lejos de donde creemos que pertenecemos y queremos llegar rápido? ¡Pero si Martín quiere que lleguemos Sin Atajos! ¡Néstor decía que estábamos "a las puertas de ser un país normal"! ¡Pero si toda esta mierda que inventamos -avivémonos, Martín- fue un atajo! No fue normal. No me refiero a las retenciones móviles. Me refiero a que normal quiere decir más o menos como los demás. Si somos de clase media a nivel mundial, ¿por qué quisimos salarios de Primer Mundo en los noventa? Nos comimos cuatro años de depresion. ¿Por qué quisimos salarios de Tercer Mundo en esta década? Nos metimos en esta inflación. ¿Para qué? Hoy somos igual de caros o de baratos que si hubiéramos tenido $2,50 y 5% de inflación. ¿Crecimos un punto más por año gracias al híperdolar? No lo sé, pero si fue así: ¡a eso le llamo yo un atajo!

Sus comentaristas se emocionaron, muchos, y se indignaron, unos pocos. Uno de estos últimos fue El Escriba, bloguero para-oficialista de verba punzante pero ideas, para mi gusto, demasiado espirituales. Yo prefiero los datos a la inspiración, qué le voy a hacer: la ciencia al romance. Soy un nerd. El Escriba posa de cínico pero es un romántico. ¿Quién es El Escriba? Nadie lo sabe. O por lo menos yo no lo sé y no conozco a nadie que lo sepa. Le dejé recién este comentario a su último post, donde acusa a Rollo de ser nada menos que "golpista":

escriba, ¿no ha llegado el momento de que digas tu nombre y a qué te dedicás? las discusiones entre anónimos tienden a las exageraciones y la agresión. en la plaza pública, en cambio, la gente se trata mejor y, por lo tanto, dialoga mejor. me parece que la discusión ganaría mucho si los demás supiéramos quién es el escriba.

saludos,
h.

pd. respeto su idea del "Estado democrático". Pero creo que este gobierno ha fusionado, hasta hacerlos casi indiferenciables, el Estado y la Casa Rosada. Es como si la presidenta esuviera pidiendo las retenciones ella misma. Un Estado debe ser un sistema más de reglas que de voluntades: semiflexible, para que el gobierno que llega pueda moverlo un poco; pero lo suficientemente firme como para que no pueda arrancarlo y salir dando palazos.

Actualizaré aquí mismo en caso de que haya una respuesta.

26 de marzo de 2008

Infobae

Ésta es la tapa de Infobae.com a las ocho y pico de la noche de Buenos Aires: el país visto por el INDEC. El conflicto agropecuario, mucho más abajo y con la cara seria de Lustó: "Habrá soluciones cuando vuelva la cordura". Así y todo, Daniel Hadad sigue incendiado cotidianamente por jóvenes bloggers y comentaristas nac-popistas.

Trabajo de campo

No tengo teorías, sólo unos pocos apuntes:

  1. Alpargatas en la Plaza. La marcha de anoche en Plaza de Mayo terminó siendo contraproducente para el campo. Porque opacó las manifestaciones en Rosario, Casilda y decenas de otras ciudades y pueblos, a las que finalmente se le dio poca bola. La composición de la marcha de Plaza de Mayo le permite ahora al gobierno y a sus escribas mantener prendido el mantra de que todo el campo es oligarca. Un foco mayor en Rosario, donde estaba representado un arco más amplio de la gente del agro, habría permitido esmerilar esa imagen.
  2. Los gringos. El campo, en la provincia de Buenos Aires, es familias tradicionales y polo. En Córdoba y Santa, es chacareros y fútbol. En Córdoba y Santa Fe, el campo es Gabriel Batistuta. Muchos de los gigantones bien alimentados que llenaron la selección de fútbol en las últimas décadas son gringos del campo: Heinze, Ruggeri, Abbondanzieri, Sensini, Valdano, Walter Samuel, Giusti, Demichelis. En Santa Fe, el campo tiene apellido italiano.
  3. Que lo vengan a ver. Hace 20 años aprendí a cantarle a Carlos Navarro Montoya: "Que lo vengan a ver, esto no es un arquero, es una puta de cabaret". Oír la misma canción anoche, frente a la Casa Rosada, con "gobierno" reemplazando a "arquero", me hizo mucha menos gracia. Decirle "puta" a una presidenta mujer me parece horrible.
  4. Tenenbaum. Me quedé despierto tardísimo, escuchando por primera vez en años las radios argentinas. Los llamados de los oyentes son un cáncer: ojalá llegue pronto la tendencia en sentido contrario; y que los programas los vuelvan a conducir sus conductores. La escuché tartamudear a Magdalena Ruiz Guiñazú, intentando enchufarles su propia opinión a los entrevistados: todos accedían. Y me pasé más tarde a Radio Mitre, donde me quedé colgado hasta las siete de la manaña de Ernesto Tenenbaum, quien hablaba con una honestidad intelectual y unas ganas de aprender que, me parece, no tiene casi nadie hoy. A su lado, Zlotogwiazda aplicaba la muy científica categoría de: "Sí, pero la están juntando con pala". Alguna vez lo critiqué a Tenenbaum porque, en su libro Enemigos, me pareció que intentaba dialogar con Claudio Loser, del FMI, y al final cerraba todo en sus mismos trece de siempre. Un año después, me doy cuenta de que Tenenbuam por lo menos lo intenta. Los demás, ni eso.

23 de marzo de 2008

El nuevo crack-up | Perfil

Me publicaron este fin de semana dos notas en Perfil sobre las recientes turbulencias financieras y económicas globales. La primera parte salió ayer y la segunda hoy. Guillermo Piro, editor de la sección, me pidió el viernes a la tarde un título para las notas. Le contesté, por mail, mirando los últimos capítulos de la última temporada de The Wire,  que no se me ocurría nada. No me respondió. Me encantó entonces ver ayer "El nuevo crack-up", no sólo porque me parece un muy buen título en sí mismo sino porque además me pone cerca de compañías admiradas desde hace mucho tiempo. La nota empieza así:

Sentado en el asiento de atrás de un Lincoln negro, bajo la lluvia en el tráfico exasperante de Manhattan, Diego, un conocido trader argentino de bonos latinoamericanos, resopla y mira su reloj. Tiene que estar dentro de media hora en el aeropuerto de La Guardia, donde lo espera un vuelo a Orlando y, si llega a tiempo, una Semana Santa que lo aleje un poco del caos de los últimos días. En Wall Street y alrededores, en los bancos de inversión y en los hedge funds, los grandes fondos privados que han dominado las finanzas del nuevo siglo, la sensación es de una gran incertidumbre. Les importa a los banqueros el futuro del sistema, pero mucho más les importa el futuro de sus propias carreras:

—Qué querés que te diga. La situación, en el mundo de las finanzas, en los bancos y en los fondos, está muy jodida. Porque la mayoría de estos tipos, sobre todo los que laburan en los bancos, cobran una buena parte de su sueldo, treinta, cuarenta por ciento, en stock options, acciones de sus bancos que sólo pueden vender y transformar en plata después de mucho tiempo, a veces años. Y esas acciones valen cada vez menos. Ponele que un tipo normal que tenía, qué sé yo, un palo verde en stock options y contaba con eso para su jubilación o para la universidad de sus hijos, perdió ahora 50% de eso, o más. Los que laburan en Bear Stearns peor, ¡perdieron el 99%! La acción del Citi está en 18, 19 dólares. Hace no mucho valía US$ 70. Merrill Lynch igual, la acción se hizo mierda. Te digo en serio, el humor en Wall Street, en el mundo de las finanzas, es muy malo, porque además ahora van a empezar los rajes. Todo el mundo lo sabe. Es más, ya empezaron. En Credit Suisse, en Morgan Stanley, en los bancos europeos. Estos ya empezaron a echar gente. Y en muchos lugares el bonus del año pasado fue cero. ¡Cero dólares! Un desastre.

Diego, que ha pasado por varios bancos y desde el año pasado, después de ganar millones con la deuda de Ecuador, trabaja en un hedge fund, deja de hablar y de golpe se da cuenta de que el Lincoln está parado en un lugar que no parece el camino hacia el túnel entre Manhattan y Queens.

—¿Qué hacemos acá? ¿Estamos bien? —le pregunta en castellano al chofer.

—Nos desvió la policía, por allá no se podía ir —responde el chofer, con acento caribeño.

—Pero la puta madre. No vamos a llegar.

El resto se puede leer acá. La segunda parte, publicada hoy, todavía no la encontré. Si alguien tiene el link, por favor que me lo pase y lo pego.